Una revolución sana

24 junio 2011 | Categorías: Opinión | |

José Antonio Pérez – ATTAC Madrid.

Miles de personas salieron 19-J a las calles de más de cincuenta ciudades españolas en señal de protesta contra los recortes sociales y económicos impuestos por la política neoliberal de la Unión Europea. Las marchas más multitudinarias tuvieron lugar en Madrid y Barcelona. Al grito de no nos representan, los manifestantes reclamaron una profunda reforma del sistema político. La actitud pacífica y festiva fue la tónica común de una jornada sobre la que la prensa de la derecha había sembrado toda suerte de sospechas.

“Madrid se blinda ante las marchas del 19-J que confluyen junto al Congreso”, reza el titular de El País, periódico de referencia del ‘Sistema’, al informar de las medidas de seguridad adoptadas por el Gobierno ante los actos de protesta convocados por el movimiento del 15-M contra la aprobación del Pacto del Euro.

Ante una información de este tipo cabe preguntarse sobre la naturaleza de Madrid. Porque, si una ciudad es la suma de todos sus habitantes, les aseguro que no conozco a nadie que haya tomado especiales medidas de blindaje ante una convocatoria mucho menos peligrosa que las que obedecen a un trasfondo nacionalista, religioso o balompedístico. En todo caso, lo que nos gustaría a muchos de los que estuvimos en las calles ese día, es que las personas estuviéramos blindadas por el Estado contra los abusos de la banca, contra los desahucios de viviendas, contra los ERE’s en las empresas con beneficios, contra el expolio del patrimonio colectivo, como el Canal de Isabel II.

Porque Madrid es, también y sin ir más lejos, el que se expresa a través de la voz de este carabanchelero, ejemplo de dignidad, sentido común y educación, que en una llamada a una emisora de radio explica lo que es violencia.

¿Por qué será que la derecha, que suele protagonizar manifestaciones en favor de asuntos inquietantes, teme tanto al movimiento de los indignados? ¿Acaso la prensa monárquica ha comenzado a inquietarse por ese eslógan —queremos un pisito como el del principito— que cuestiona el lujo real en tiempos de recortes sociales? Bajo el título “La crispación de la izquierda”, editorializa el diario ABC: “Si Madrid fue el lugar elegido para iniciar la protesta emblemática de estos movimientos, Madrid volverá a ser hoy campo de experimentación de estas muestras de protesta, que ya no encarnan la frustración de una sociedad golpeada por el paro y el desánimo, sino una opción ideológica de extrema izquierda que, en ocasiones y no por todos los que la integran, está recurriendo a la violencia. [...] Lo que era una queja social, ahora es una protesta que amenaza violencia y, por tanto, se ha convertido claramente en un problema de orden público.

Otro medio liberal de boquilla, Libertad Digital, se despacha asimismo en su editorial: “Las marchas convocadas por el grupúsculo totalitario arracimado en torno a las siglas del 15-M, en Madrid pero también en las principales ciudades españolas, tendrían que haber recibido la necesaria respuesta del Estado de Derecho antes de consumarse este domingo para estupor de unos ciudadanos que van a ver hoy restringidos sus derechos sin que nadie les haya explicado cuál es la razón de esta bula prototalitaria”. ¡Caramba cómo se ponen estos liberales del laissez faire, laissez passer cuando quienes quieren pasar, o pasear, o pisar las calles nuevamente, son las gentes de a pie!

Puestos a desbarrar y a rizar el rizo de la chabacanería informativa, La Gaceta, órgano oficial de la factoría de productos tóxicos intereconómicos, afirma: “En las marchas convocadas para hoy en Madrid no se sabe qué sorprende más: si las consignas con las que los sediciosos amenazan con asaltar el Senado y la Bolsa o la pasividad de Interior y el misterioso juego que se trae Rubalcaba, refugiándose en la ambigüedad de “la firmeza y la prudencia”. [...] Lo que comenzó siendo una protesta cívica contra los políticos, motivada por la crisis, ha degenerado en el plazo de un mes en un clima que evoca indeseables épocas pretéritas o escenas que casan mal con una democracia del Primer Mundo. [...] Sobran razones para la alarma. Porque la propia Policía preve la presencia de grupúsculos violentos como Izquierda Castellana, o los Bukaneros del Rayo Vallecano infiltrados entre la masa heterogénea de indignados, antisistema o anarquistas ávidos de visibilidad.”

¿Peligrosos anarquistas ávidos de visibilidad?

Por lo que que tuve ocasión de observar en la mañana del 19-J, Madrid —epicentro de la spanish revolution— era una fiesta. Paul Lafargue dijo que “al día siguiente a la revolución habrá que pensar en divertirse”. ¿Estamos asistiendo a una nueva forma de revolución en la que la acción no esté reñida con la diversión? ¿Acaso no es una insania colocarse cotidianamente un cilicio tal como nos recomienda la autoridad incompetente? “No hay opción al ajuste”, dice el Eurogrupo, a los indignados.

Quizá, en estos momentos de crisis general del sistema, convenga leer a D. H. Lawrence, que bordó la descripción del placer en El arco iris o El amante de Lady Chatterley, novelas prohibidas por la censura, y en el sublime poema Cómo comer un higo correctamente. Porque Lawrence nos dejó asimismo una recomendación que debería ser tenida en cuenta a la hora de afrontar una revolución:

Una revolución sana

Si haces una revolución, hazla alegremente;
no la hagas lívidamente serio
no la hagas mortalmente serio
hazla alegremente

No la hagas porque odias a la gente
hazla sólo para escupir en sus ojos

No la hagas por dinero
hazla, y condena el dinero.

No la hagas por la igualdad
hazla porque tenemos demasiada igualdad
y va a ser gracioso sacudir el carro de las manzanas
y ver por qué lado se irán éstas rodando

No la hagas por las clases trabajadoras
hazla de tal modo que todos nosotros podamos ser
nuestras propias y pequeñas aristocracias
y patear como asnos fugitivos alegremente el suelo

No la hagas, en fin, para la Internacional del Trabajo;
el trabajo es aquello de lo cual la humanidad ha tenido bastante

Eliminémoslo, acabemos con ello
El trabajo puede ser agradable, y los hombres gozarlo
y entonces no es trabajo
Tengamos eso, hagamos una revolución para divertirnos

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