El doctorado de sociología para el Sr. Ministro del Interior

21 junio 2012 | Categorías: Opinión | |

Enric Pastor – ATTAC País Valenciá

El Sr. Ministro del Interior ha desgranado, en una conferencia celebrada en Barcelona(1), sus ideas sobre la paz ciudadana en una alocución de título sugerente: “Violencia urbana: la intolerancia como expresión”.

Falta hacía que el sr. ministro se explicara. En los últimos tiempos los únicos que lo hacían -y de forma contundente- eran sus subordinados, enzarzados en una terrible guerra contra enemigos emboscados entre la ciudadanía bienpensante que hacían que sus contundentes argumentos fueran explicados democráticamente, vamos, que no miraban a quien le tocaba recibir esos argumentos.

Seguramente el sr. ministro conocerá la anécdota de aquel obispo francés que, en la guerra contra los hugonotes, fue preguntado por el jefe del ejército sobre cómo distinguirían entre aquellos y los buenos cristianos que pudieran haber en esa población, para matarlos o no. La respuesta del obispo fue clarificadora: “Matadlos a todos, que el señor ya los sabrá reconocer cuando toquen a la puerta del cielo”.

La profunda enjundia y el fino análisis sociológico que en esas escasas cuatro páginas se encierran, hacen innecesario una mayor glosa. Es suficiente con leer las palabras del propio ministro para comprender perfectamente lo ajustado de sus razonamientos y la justeza de las actuaciones de sus subordinados.

Glosemos algunos de sus párrafos:

-Quiero hablar de la actualidad de la violencia pero desde un otro ángulo yendo a sus raíces culturales, antropológicas y sociológicas.”

La entrada es prometedora y sugerente.

-”Juan Bosco animaba con estas palabras a la burguesía catalana a prevenir la violencia juvenil construyendo escuelas: “Piense usted que el dinero que ahora no invertimos en educación nos lo reclamará luego el joven con un arma en la mano””

Sugerimos al ministro del Interior que le pase el texto a su colega de Educación

-”[sobre la violencia]hay cierto consenso sobre  el hecho de que nos encontramos delante de una cuestión básicamente cultural[...]en la pirámide de necesidades fisiológicas de Maslow, la seguridad ocupa un lugar preferente. El ser humano necesita de un contexto de relaciones humanas pacíficas en el que construir su personalidad.”

¡Vaya!, aquí estoy de acuerdo con el tal Maslow(2) y, claro, con el sr. ministro, en que -como dice Maslow- la seguridad “del cuerpo, el trabajo, los recursos, la moralidad, la familia, la salud y la propiedad” son importantes. Comuníqueselo al sr. ministro de trabajo y recuérdele los millones de parados.

-”…la preocupación por la seguridad en todo el mundo se ha convertido en una obsesión por ese mismo tema. Calles privadas, casas acorazadas, vehículos blindados, escoltas personales o armas por doquier, incluso instrumentos represivos máximos como la pena capital, no lograr detener la espiral de la violencia porque sus causas no son instrumentales sino personales y sociales.”

¡Bien, bien!, veo que el sr. ministro va entendiendo el tema

-[en algunos medios de comunicación]“Un grito, un puñetazo, un disparo o una guerra son presentadas como maneras naturales de resolver las diferencias entre las personas, que aparecen como naturalmente violentas. Tal es la antropología que subyace bajo muchas películas, series de televisión, vídeo juegos e, incluso, dibujos animados.”

Ya decía alguien que en Caperucita Roja subyacía una apología de la violencia. Por cierto, éste es el procedimiento usado por sus subordinados para “resolver las diferencias”, ¿no?

-A esa perversa concepción de la persona cabe añadir la base social que aportan las situaciones de injusticia social, basadas en la falta de oportunidades o en la poca distribución de la riqueza.

¡Ejem!,¿decía usted?…

-cabe añadir la difusión de un modelo cultural basado en la confusión entre tolerancia y permisividad, así como en la maximización de los derechos y la ocultación de las responsabilidades[...] desde los hechos de mayo del 68, donde se ha optado por ser tolerante con los intolerantes, queriendo extrapolar el concepto de igualdad legal a una eventual igualdad en los roles.

¡Ya vamos llegando al meollo de la cuestión!

- Un grafiti, por ejemplo, representa una forma elemental de violencia, pues intenta imponer mensajes en el espacio público.

¡Ya era hora!. Pongamos en cintura a la Coca-Cola, El Corte Inglés, Iberdrola, etc., por “imponer mensajes en el espacio público”. Bien, sr. ministro, me convence usted.

-El incivismo, como actitud social, aparece como expresión habitual de lo expuesto: incendios forestales provocados, ruptura de material urbano, verter suciedad en las calles, fumar en espacios no permitidos, las campañas de impagos en peajes, agredir verbalmente a las personas, romper bancos o coches, quemar símbolos políticos, profanar símbolos religiosos…

Su claridad de ideas es proverbial. ¡Qué fino análisis!. Cómo sabe separar “las churras de las merinas” poniendo a algunos grupos antisociales, como los fumadores, junto con los publicistas y los graffitteros, los que no pagan los peajes, queman banderas o bosques, etc.

-existe un sistema educativo alternativo y aplicado al desorden público, en el que se intenta presentar como violentos e incívicos precisamente a los agentes del orden público.

¡Diga usted que sí! Yo he visto como una señora, aparentemente pacífica y de edad impropia para esas cosas, agredir con su vientre a la bota de un pacífico policía antidisturbios. ¡Dónde iremos a parar!

-En este mismo contexto deberían situarse algunos de los piquetes sindicales, cuyo papel informativo parece innecesario en la actual cultura de la sobreinformación.

Es más, digo yo, si saben que “no van a sacar ná en limpio”, ¿a santo de qué hacen huelgas?. Es lo que se decía en tiempos de Franco y Fraga de ministro: “Más ver la tele y menos viajar”

Es el mundo al revés, donde los anti-sistema que viven del sistema se apoderan del espacio público. Estamos frente a una real y constante apropiación indebida, que provoca una pérdida de confianza del ciudadano normal en las instituciones que costea para garantizarle una calidad de vida digna.

¡Claro!, es por culpa de esos anti-sistema que se gasta más de lo que se debiera en policía y ejército y menos en maestros y médicos. Si ya decía yo…

-Debemos revisar el sistema de penas[...] Se han destinado y se destinan grandes recursos a prevención y rehabilitación. Deberemos evaluar sus ratios de efectividad y replantearnos en base a sus resultados…

Lo que decía yo antes. Si es que tiene más razón que un santo, sr. ministro. ¡Mano dura!

-Una sociedad segura es aquella en la que el miedo a la violencia ha desaparecido, porque las personas y los colectivos han encontrado otras formas de expresar su descontento o, aún más, porque ha desaparecido ese descontento. Sólo en un contexto de verdadera justicia, como aseguraba el papa Juan XXIII en su encíclica “Pacem in terris”, podrá surgir la auténtica paz.

A que va a ser que las cosas pasan porque la gente no tiene “otras formas de expresar su descontento”. O sea, ¿que usted entiende que no hay “otras formas” ahora y aquí?. Yo creía -ingenuo de mi- que la democracia era eso y que estábamos en un régimen democrático, ahora que, si usted entiende que lo que pasa es que no hay seguridad por la falta de canales para expresar el descontento, ¿para qué existe la política, los políticos, los parlamentos, los sindicatos y toda la retahila? Porque la policía ya sabemos para lo que sirve, según usted: para cuando fallan esas otras formas. ¡Pues estoy hecho un lío!.  Y al Juan XIII ese ni me lo miente. ¡Menudo rojeras de Papa!

-La violencia es pues una disfunción social, algo anómalo a nuestra sociedad y algo ajeno a nuestra cultura. Promover una nueva cultura de la seguridad, basada en la prevención y en la responsabilidad, es hoy en día un reto fundamental.

Pues me deja usted tranquilo. Haga una tesis doctoral con estos mimbres y rebata a indocumentados como el Sr. Luís Rojas Marcos. Incluya entre esos disfuncionales sociales a los militares, los dictadores rabiosos(aquí tuvimos uno hace no mucho, ¿sabe?), algunos policías (no tooodos, claaaro) y a algunos ministros del interior y sus mandos que ven en los ciudadanos expresando su opinión por uno de los medios democráticos -el derecho de manifestación- como enemigos.

Por cierto, sr. ministro, ¿le suenan de algo los derechos democráticos que hay en SU constitución (reformada “bajo mano”)?

Notas:
(1)http://www.interior.gob.es/press/jorge-fernandez-diaz-ha-pronunciado-en-el-foro-tribuna-barcelona-la-conferencia-violencia-urbana-la-intolerancia-como-expresion-13934
(2)http://en.wikipedia.org/wiki/File:Maslow%27s_Hierarchy_of_Needs.svg

 

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