Las falacias y mentiras del capitalismo…

11 agosto 2012 | Categorías: Opinión | |

Tasio Urra – Comisión de Justicia Fiscal y Financiera Global ATTAC España

El 16-1-2011 publiqué en el colectivo Kaos en la Red un artículo con el título “Las falacias y mentiras del neoliberalismo…, ¿y del capitalismo…?”.

Un año y medio después, ante la deriva económica que se impone a los acontecimientos, y ante los movimientos populistas que observamos en nuestras sociedades, particularmente en el caso del estado español, me veo en obligación de revisarlo para introducir, tal como ya sugirió un lector entonces, el análisis crítico.

Las falacias y mentiras del capitalismo…

Las falacias o verdades a medias son sentencias engañosas y falsas, que incluyen algún elemento de verdad. Pueden ser parcialmente verdad; pueden ser incluso verdad pero no toda la verdad del conjunto, lo que produce un engaño provocado por omisión. El propósito de las medias verdades o verdades a medias es hacer parecer algo que solo es una creencia como un conocimiento o verdad absoluta. De acuerdo con la teoría de conocimiento de creencia de verdad justificada o teoría de la justificación, para saber si una determinada proposición es verdadera, uno debe no solo creer en la verdadera e importante proposición sino también debe tener una buena razón o argumentos para hacerlo. Una verdad a medias embauca al receptor presentando algo que es creíble, y usando esos aspectos de la idea que pueden ser demostrados verdaderos como buena razón para creer que la idea o declaración entera es verdadera. Una persona engañada por una verdad a medias podrá considerar la proposición o declaración como una verdad absoluta y actuar en consecuencia.

Bien, ¿pero dónde se encuentra la Falacia de la verdad a medias en el discurso y argumentos del NEOLIBERALISMO?

En todo su discurso, pero fundamentalmente en el argumento central del mismo, en su argumento central sobre los supuestos básicos de la Teoría Económica; lo que invalida todo el resto del discurso, pues está construido desde el principio sobre verdades a medias.

Veámoslo…

El argumento central del discurso NEOLIBERAL, ese discurso de “un mundo de paz y amor”, podría resumirse así:

Cuanto mayor es el grado de libertad económica en un país, mayor es la oportunidad del mismo de conseguir más prosperidad, un crecimiento más rápido, un nivel de vida más alto, etc. Esa libertad económica la ejercemos, sin intervención externa alguna, en nuestras decisiones de inversión, ahorro y consumo. Hemos desarrollado cierto tipo de capitalismo en nuestra parte del mundo donde tenemos libertad de poseer, competir y comerciar sin intervención gubernamental. Pero sólo tendremos un capitalismo global cuando el resto del mundo tenga las mismas libertades.” (Johan Norberg).

O sea, que cero intervención gubernamental. Que los seres humanos, mediante nuestra libertad individual somos capaces de organizarnos. Que para eso están los mercados, que saben aprovechar toda esa sabiduría individual y se erigen como director colectivo de voluntades individuales y dispersas mediante el mecanismo de los precios, que actúan como moderadores entre oferta y demanda. Es la magia de la denominada “mano invisible”.

Este argumento es falaz, utiliza la Falacia de la verdad a medias.

Lo primero que debemos saber es que el objetivo de la Economía ha sido, es y será, estudiar la correcta distribución de los recursos escasos para satisfacer las necesidades del ser humano. En otras palabras, la Economía analiza la relación entre los recursos, que son de carácter limitado y las necesidades, que son de carácter ilimitado.

Lo segundo que no se nos debe pasar por alto es la confusión del pensamiento económico por Economía, que tan bien aclara en su blog Chemazdamundi.

Entonces, si tenemos clara la distinción entre Economía y pensamiento económico, nos podemos fácilmente dar cuenta de que las máximas centrales del NEOLIBERALISMO obedecen a una doctrina determinada del pensamiento económico capitalista, a la doctrina ULTRALIBERAL, más que a la Economía en sí misma.

En otras palabras, el planteamiento NEOLIBERAL introduce una filosofía propia de la organización económica: aquélla en la que cualquier intervención pública en los mercados, por mínima que sea, se presume como una fuente de ineficiencia. Puesto que son los mercados, se dice, mediante el mecanismo de precios los que organizan la correcta distribución de los recursos escasos para satisfacer las necesidades del ser humano.

Véase esta entrada para profundizar en la esencia del LIBERALISMO ECONÓMICO y sus implicaciones.

¡Ahí radica la Falacia de la  verdad a medias!

Porque este planteamiento no es exactamente como lo cuentan. Es más, omite partes de verdad que no sólo son cruciales para entender su naturaleza doctrinal, sino que invalidan absolutamente todos sus argumentos.

Estos planteamientos NEOLIBERALES sobre la Economía, sobre la organización económica para ser precisos, arrancan de la fisiocracia y su laissez faire allá por el siglo XVIII.

Después, a finales del siglo XVIII, en 1776 ve la luz el trabajo de Adam Smith, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations (La Riqueza de las Naciones); sin duda la mejor formalización de la teoría de la “mano invisible”, y de las tergiversadas, tendenciosas y malinterpretadas ideas neoliberales.

Adam Smith (1776), como modo de salvar la cuestión social dentro del libre mercado, afirmaba que el interés individual repercutía en último término en el interés social. Smith asumía así que el interés individual era inocente, es decir, que el preocuparse de uno mismo no lleva consigo hacer daño a los demás; al contrario, pues puedo tener interés en vender algo porque me beneficio de ello pero también me interesa que alguien se beneficie, pues de este modo ganamos ambos y la relación continúa. Aceptando esta máxima, puede decirse que uno se hace empresario para ganar dinero y al mismo tiempo ofrece a la sociedad un producto que necesita, siendo mínimo el papel del estado. ¡La mano invisible del mercado es en sí benevolente!

Y digo tergiversadas, tendenciosas y malinterpretadas ideas neoliberales porque, sin embargo, el mismo Adam Smith (1776), en “La riqueza de las naciones”, observa que “…todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido la ruin máxima de los amos de la humanidad en las diversas épocas de la historia”. Y antes aún, en su otra obra famosa, “La teoría de los sentimientos morales”, de los sentimientos morales, sí, Adam Smith (1759) condenaba ese tipo de prácticas, entre ellas el dolo y el ENGAÑO. Allí, tras anunciar la “ruin máxima de los amos de la humanidad”, pasa a explicar cómo los grandes propietarios de su época preferían tener un par de hebillas de zapatos con diamantes o “algo igual de frívolo e inútil” a proporcionar el “mantenimiento o, lo que es lo mismo, el precio del mantenimiento de mil hombres al año”.

De manera similar, otro de los pilares de las tergiversadas, tendenciosas y malinterpretadas ideas neoliberales es el principio de la Ventaja Comparativa. David Ricardo (1817) postuló y demostró el principio de la Ventaja Comparativa, según el cual la especialización nacional basada en recursos únicos, valiosos y escasos incrementa las ventajas “comparativas” de los países, lo que se traduce en los ansiados diferenciales de renta comercial nacional.  Sin embargo, en el modelo de Ricardo, la Ventaja Comparativa sólo tiene lugar cuando los las rentas que genera se reinvierten en el país en el que se originan; o sea, ante la ausencia de movilidad transnacional del capital. ¡Pero esto se olvidan de contarlo…!

Es más, la corriente NEOLIBERAL del capitalismo no sólo utiliza la verdad a medias cuando omite los contra argumentos y reservas de los orígenes de la propia teoría que abandera; sino que, además, omite dos siglos y medio de investigación económica sobre la teoría de los mercados asignadores eficientes y la “mano invisible”.

Pues la realidad de nuestro mundo durante los últimos 200 años, sin descartar la teoría de la “mano invisible”, o teoría de los mercados como organizadores de la correcta distribución de los recursos escasos para satisfacer las necesidades del ser humano, sí ha establecido los supuestos básicos bajo los que dicha teoría se cumple y, efectivamente, esa “mano invisible” es la organizadora de la correcta distribución de los recursos escasos.

Los últimos 200 años de investigación económica han probado que la teoría de los mercados asignadores eficientes, o teoría de la “mano invisible”, sólo se cumple cuando los mercados son “perfectos”. ¡Cosa que también olvida la corriente NEOLIBERAL!

Y para que los mercados sean “perfectos”, se tienen que cumplir todas y cada una de las siguientes condiciones:

1) Comportamiento económico racional de todos los agentes del mercado. Lo que significa que cada participante en el mercado buscará satisfacer su propio interés mediante un comportamiento racional en el sentido de elegir siempre la opción más eficiente, menos costosa. Esto implica que el ser humano es plenamente racional, capaz por tanto de optimizar en todo momento.

2) Existencia de un elevado número de compradores y vendedores en el mercado. Esto significa que la cantidad que cada uno de ellos demanda u ofrece resulta tan pequeña respecto a la demanda u oferta de mercado que su comportamiento individual no puede tener efectos perceptibles sobre los precios de las mercancías. Por ello, los productores y los compradores aceptarán los precios del mercado como datos. En este caso, la competencia entre los compradores conducirá a que nadie pueda comprar a un precio inferior al que compra el resto. Asimismo, la competencia entre los vendedores llevará a que ninguno de ellos pueda vender a un precio más alto del que lo hacen los demás, pues si lo intentara la competencia del resto de los productores lo expulsaría del mercado.

3) Tanto compradores como vendedores deberán ser indiferentes respecto a quién comprar o vender. Este supuesto implica, en realidad, que el bien comprado o vendido sea homogéneo. Se presupone implícitamente, por tanto, que cada unidad de determinado bien deberá ser idéntica a cualquier otra del mismo; de lo contrario el productor de algún bien o servicio ligeramente diferente a los demás tendrá cierto control sobre el mercado y, por tanto, sobre el precio de su producto. En otras palabras, este supuesto implica que no hay marcas que diferencien a los productos. Respecto al bien, se supone, que es un bien económico infinitamente divisible.

4) Todos los compradores y los vendedores tienen un conocimiento pleno de las condiciones generales de mercado, o lo que es lo mismo, información perfecta. De este supuesto se infiere que los vendedores generalmente conocen lo que los compradores están dispuestos a pagar por sus productos, mientras que los demandantes saben a qué precio los oferentes desean vender. De esta manera, es posible predecir correctamente aquel precio que equilibra el mercado. Una vez que es conocido el precio de equilibrio, los compradores no aceptan comprar a un precio mayor y los oferentes rechazan vender a un precio inferior al de equilibrio. En tal situación, no habrá compradores ni vendedores insatisfechos; todos aquellos que quieran vender podrán hacerlo, y todos los que quieran comprar lo harán en la cantidad deseada, pero siempre al precio de equilibrio.

5) Libre movilidad de los recursos productivos, de forma que las empresas tienen libertad de entrada y salida al mercado. La totalidad de los agentes que participan en la producción podrán, consecuentemente, entrar y salir del mercado de forma inmediata como respuesta a incentivos pecuniarios. De igual manera, quien desee dedicarse a la producción de un bien o servicio podrá hacerlo sin que se lo impida ninguna restricción. En otras palabras, este supuesto implica la libre entrada y salida de empresas en el mercado como respuesta a los incentivos pecuniarios.

6) Ausencia de externalidades. Esto es, ausencia de efectos externos derivados de los comportamientos de los participantes en el mercado. En otras palabras, que todos los resultados, directos e indirectos, tanto positivos como negativos, de los comportamientos de los participantes en el mercado queden en el ámbito del mismo y se vean reflejados en los precios.

¡Pues todo esto se les ha olvidado a los defensores del NEOLIBERALISMO…!

A estas alturas, el mero sentido común ya nos dice que ese no es el mundo en el que vivimos; y 200 años de ciencia e investigación lo han demostrado.

Los participantes en los mercados NO se comportan de manera económica racional en la mayoría de las ocasiones. En lugar de eso, desarrollan comportamientos estratégicos, orientados al largo plazo por tanto, con los que buscan el logro de posiciones de dominio de mercado impidiendo la consecución de equilibrios competitivos. Estos comportamientos generan estructuras de mercado no competitivas tales como el monopolio, duopolio, oligopolio y la competencia monopolística. Además, han existido y existen increíbles monopolios naturales, como diamantes y minerales preciosos, petróleo, maderas exóticas, especies exóticas, etc. Es más, los avances de la psicología, la psicología social y la neurobiología en los últimos 50 años han demostrado que los seres humanos ni tan sólo somos racionales en el sentido maximizador y omnisciente del concepto; al contrario, somos limitadamente racionales, satisfactores más bien, y nos equivocamos sistemáticamente al percibir, evaluar, diagnosticar y emitir juicios.

Como consecuencia de tales comportamientos estratégicos, y de nuestras limitaciones humanas, NI existe un elevado número de comparadores y vendedores en la mayoría de mercados, NI son indiferentes respecto de sus contrapartes. En lugar de eso, los diferentes tienden naturalmente a concentrarse por los despliegues de poder competitivo; y las grandes corporaciones gastan varias veces el PIB de los países pobres del mundo en la intervención de los grandes medios de comunicación y en presupuestos publicitarios con el fin de inducir y generar la diferenciación.

Tampoco es asumible en nuestros días que compradores y vendedores tengan un conocimiento pleno de las condiciones generales de mercado, o información perfecta. Realmente, es evidente que esto no es así casi nunca; lo natural, más aún a medida que avanzamos en las sociedades del conocimiento, son las asimetrías de información entre los participantes en los mercados. Baste el ejemplo de que, En España, en los últimos 10 años, una buena mayoría de los directores de sucursal financiera (Bancos y Cajas) no sabían lo que  vendían cuando “colocaban” entre sus clientes derivados de acuerdo a los objetivos de crecimiento de la entidad; porque si lo sabían, quienes no lo sabían eran sus clientes, y el abuso económico de esta asimetría de información está tipificado en el código penal. En el resto de países ha sucedido básicamente lo mismo.

Tampoco parece que el modelo de globalización de los últimos 30 años aliente la disminución y difusión de barreras de entrada y salida en los diferentes “mercados”. Más bien parece ser al contario, pues son numerosos, casi mayoría, los ejemplos de sectores que han experimentado una fuerte concentración en los últimos 20 años y donde las empresas que detentan el poder de mercado han impuesto sus condiciones en forma de barreras de entrada y de salida, no sólo en cuanto a otras empresas competidoras con menor poder, sino también en cuanto a las condiciones de la oferta de trabajo.

En cuanto a las externalidades finalmente, todo lo contrario, pues han devenido una de las lacras y cáncer de nuestro sistema económico. No sólo los resultados, directos e indirectos, tanto positivos como negativos, de los comportamientos de los participantes en el mercado no quedan en el ámbito del mismo y no se ven reflejados en los precios; sino que los precios no recogen ni tan sólo los verdaderos costes del sistema productivo… ¿o quién ha pagado el saqueo y el esquilmar de América, África y Asia durante los siglos de colonización…?, ¿o quién paga los vertidos tóxicos, las talas indiscriminadas, la polución, la contaminación hídrica y del medio, la degradación edafológica, la pauperización de la biodiversidad…? Y lo más importante y crucial, ¿quién está pagando desde hace décadas la indecente acumulación del capital mediante la producción social de la riqueza y su apropiación privada mediante el beneficio…?

El argumento central NEOLIBERAL, “la mano invisible como asignadora eficiente de los recursos escasos”, es falaz. Utiliza sistemáticamente la Falacia de la verdad a medias; y ni atiende los contra argumentos y reservas de los orígenes de la propia teoría que abandera, ni atiende los supuestos básicos de la Teoría Económica de los últimos dos siglos.

En lugar de eso, la realidad, es que el poder se ha convertido en “moneda de cambio”; y la política, como expresión del juego de poder, en una herramienta que utiliza el capital para explotar progresiva y aceleradamente a los trabajadores de toda condición, rigiendo así nuestro mundo.

La realidad es que la teoría de “los mercados” falla estrepitosamente, y cada vez más, al tratar de explicar nuestro mundo y anticipar nuestro futuro, porque el creciente poder del capital frente al trabajo la desarticula e invalida.

¡Bueno, no! Realmente el mundo que permite explicar y el futuro que autoriza anticipar la teoría de “los mercados” es el de la verdadera historia de Rapa-Nui, un ejemplo muerto de crecimiento económico que acabó en desastre:

Eso sí, pasando antes por sistemas socioeconómicos como los de Somalia o Zimbawe, exponentes claros de la máxima de libertad individual y cero intervención gubernamental…: sociedades colapsadas y sin estado, sumidas en matanzas civiles, con sólo dos clases, la del poder autoritario del capital mediante las armas, y la de esclavos que pierden toda esperanza de vida.

Sin embargo, aún refutada la doctrina económica liberal como expresión extrema y salvaje de un modo de organización económica, el capitalismo, el problema no se soluciona sino que aparece mayor. Un sistema económico como el capitalista, en cualquiera de sus formas basado en el crecimiento y la acumulación, lo ha hecho hasta ahora practicando el expolio del trabajo, y fácilmente gracias a la energía barata y a la expropiación y saqueo de unos recursos naturales públicos abundantes.

Pero según el informe anual publicado recientemente por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el cénit del petróleo (momento a partir del cual cada año se extraerá menor cantidad) ya se ha producido; de hecho, tuvo lugar en 2006. Después de tantos años negando este fenómeno por presiones estadounidenses, o prediciendo que tardaría aún una década en suceder, los obstinados datos reales les han obligado a dar la razón a los científicos y divulgadores de la asociación internacional ASPO, entre otros, que llevan años intentando alertar al mundo de que este irreversible declive energético había comenzado. Aunque para que no cunda el pánico en las bolsas, la AIE maquilla de forma escandalosa las gráficas rellenando la diferencia entre demanda y oferta previstas con un petróleo que nadie, ni siquiera ellos, sabe de dónde va a salir y haciendo creer que otros petróleos de peor calidad energética podrán sustituir a tiempo y en la debida proporción al petróleo crudo convencional de alta densidad energética. Las consecuencias son demasiado graves: más del 90% del transporte mundial depende del petróleo, así como la práctica totalidad de los sectores industriales, y, lo que es mucho más preocupante, el sistema de producción y distribución de alimentos que sostiene a una población de ya casi 6.700 millones de personas.

Además, el cambio climático antropogénico, junto con sus devastadores efectos sociales y humanitarios, se deja notar especialmente sobre la vertiginosa disminución de la biodiversidad, sustento de nuestros ecosistemas. Así, durante el siglo XX se ha venido observando la erosión cada vez más acelerada de la biodiversidad. Las estimaciones sobre las proporciones de la extinción son variadas, entre muy pocas y hasta 200 especies extinguidas por día, pero todos los científicos reconocen que la proporción de pérdida de especies es mayor que en cualquier época de la historia humana. En el reino vegetal se estima que se encuentran amenazadas aproximadamente un 12,5% de las especies conocidas. La comunidad científica está de acuerdo en que las pérdidas se deben a la actividad humana, incluyendo la destrucción directa de plantas y su hábitat.

Cabe plantearse entonces, cuando imputamos energía y ecosistemas en el modelo, si un sistema de organización económica capitalista, basado naturalmente en el crecimiento y acumulación continuos a costa del trabajo y los recursos públicos, no es también falaz.

Si no lo es, su desarrollo inmediato sólo podría venir a través de una recuperación del equilibrio entre capital y trabajo, mercado y estado, individuo y estado; pero desde una concepción de estado representante de un equilibrio de poder entre capital y trabajo, plural, participativo, democrático, transparente y veraz, muy alejada de nuestra actual realidad.

Sin embargo, muy probablemente, el capitalismo es en sí mismo falaz como sistema de organización económica en una biosfera limitada. Pero entonces, ¿qué alternativas sistémicas podemos articular desde los movimientos progresistas y ciudadanos en un mundo complejo y globalizado donde la tendencia que se impone es la sinrazón de la vertiente más salvaje del capitalismo…?

Quizás Rosa Luxemburgo fue premonitoria al vaticinar en 1916 aquello de “Socialismo o barbarie”, aunque hay que reconocer que para eso habría que comenzar con la recuperación de la conciencia de clase, algo que el capital en su versión más salvaje se ha afanado en desdibujar en los últimos 40 años.

Profesor Titular de Escuela Universitaria  Universidad de Valencia

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