Santísima competitividad

17 enero 2013 | Categorías: Opinión | |

Francisco Altemir – Attac Madrid

Primer párrafo del Anteproyecto de la LOMCE (2012): “La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; su nivel educativo determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global.”

El espíritu de las leyes, su sustancia, se encuentra bien en su preámbulo, bien en su exposición de motivos.

Dicen que se está redactando con el beneplácito, incluso con el impulso, de la jerarquía eclesiástica católica. Permítanme que exprese mis dudas.

Siempre he tenido el convencimiento  de que la iglesia se ocupa más bien de los aspectos espirituales que de los materiales. Que le importa más el SER que el TENER. De pequeño me hacían reflexionar con una pregunta: “¿De qué le sirve al hombre poseer todas las riquezas de este mundo?” Por eso dudo de que los obispos apoyen esta ley cuya razón de ser es el ÉXITO mediante la COMPETITIVIDAD. Pero puede que esté en un error.

“Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber” Así comienza Aristóteles su Metafísica. “Todo arte y toda investigación, igualmente, toda acción y libre elección parecen tender a algún bien […] y cuál es ese bien supremo […] tanto el vulgo como los cultos dicen que es la felicidad y piensan que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz”  Continúa Aristóteles en su Ética a Nicómaco.

La felicidad depende de nosotros mismos, no tenemos que buscarla en el exterior, en cosas o riquezas que, una vez poseídas, causan aburrimiento, temor a perderlas, egoísmo para no compartirlas y todo ello conlleva sufrimiento que es lo contrario de la felicidad. Los niños son felices con cualquier cosa que puedan manejar o que les llame la atención.  Un hijo nuestro se entusiasmó con la caja de un regalo que arrinconó.

Un grupo de niños en el campo son felices con las piedras, las ramas, construyen caminos o casas. Son felices inventando y experimentando.  (Creo que esta visión, un tanto idílica, está trasnochada en la era de los juguetes electrónicos). Pero llevarles de excursión a la montaña, recorrer caminos que desconocen todavía les encanta, estimula su imaginación, les enseña a cooperar con el que se retrasa o ayudar al que sufre una caída.

Todo ese espíritu de cooperación y de ayuda se pierde si en la escuela  preparamos a esos niños para triunfar y tener éxito, y, para eso, tienen que ser competitivos para “triunfar en la vida” y olvidan lo que significa hacer el bien a los demás, a cooperar con ellos aunando esfuerzos lo que produce la verdadera felicidad. Porque triunfar significa que otros han perdido, significa entender la vida como una lucha en la que los demás son enemigos a los que hay que vencer. Por eso se habla de la “lucha por la vida”.

La educación en el hogar y en la escuela debe de tratar de formar personas íntegras, buscadoras de valores intangibles como la ética, la solidaridad y la cooperación.

“En vez de buscar estrategias y formas de motivar y entusiasmar al alumnado por el conocimiento y el aprendizaje, se concibe la educación como un camino de penitencia y sufrimiento, trufado de pruebas y exámenes continuos, […] en el que las condiciones culturales y socioeconómicas familiares van a ser determinantes del éxito escolar.” (Ciudadanos por la Educación Pública).

Federico Mayor Zaragoza, ex Ministro de Educación en la democracia y ex Director General de la UNESCO, ha presentado en la Universidad Complutense un Manifiesto de la Plataforma STOP LEY WERT para el rechazo del anteproyecto de ley. El texto del Manifiesto alerta de la concepción “mercantil” de la educación por el gobierno porque “antepone las necesidades de los mercados a la formación integral de niñas y niños, y a la construcción de una sociedad más justa y cohesionada”.

La educación es imprescindible en el camino en busca de la libertad y la verdad. Solamente podremos ser verdaderos y críticos si somos libres y no actuamos bajo coacción o influencia externa. Lo ha puesto de manifiesto Rafael Argullol en un magnífico artículo: “Sin crítica no hay libertad” (http://elpais.com/elpais/2012/12/19/opinion/1355943007_915008.html).

Me permito recordar a los legisladores que algún Papa ha mostrado su disconformidad con los sistemas económicos que pueden atentar contra la dignidad del hombre.

Entresaco, en primer lugar algo que decía Juan XXIII en su Encíclica Mater et Magistra (15-5-1961)

http://www.vatican.va/holy_father/john_xxiii/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater_sp.html:

“Estructuras económicas

Deben ajustarse a la dignidad del hombre

82. Los deberes de la justicia han de respetarse no solamente en la distribución de los bienes que el trabajo produce, sino también en cuanto afecta a las condiciones generales en que se desenvuelve la actividad laboral.

Porque en la naturaleza humana está arraigada la exigencia de que, en el ejercicio de la actividad económica, le sea posible al hombre asumir la responsabilidad de lo que hace y perfeccionarse a sí mismo.

83. De donde se sigue que si el funcionamiento y las estructuras económicas de un sistema productivo ponen en peligro la dignidad humana del trabajador, o debilitan su sentido de responsabilidad, o le impiden la libre expresión de su iniciativa propia, hay que afirmar que este orden económico es injusto, aun en el caso de que, por hipótesis, la riqueza producida en él alcance un alto nivel y se distribuya según criterios de justicia y equidad. “

Igualmente Pablo VI en su Populorum Progressio (26-3-1967)  http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum_sp.html:

“Aspiraciones de los hombres

6. Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más: tal es la aspiración de los hombres de hoy, mientras que un gran número de ellos se ven condenados a vivir en condiciones, que hacen ilusorio este legítimo deseo […]14. El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. Con gran exactitud ha subrayado un eminente experto: «Nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera»[…]

Escala de valores

18. Este crecimiento personal y comunitario se vería comprometido si se alterase la verdadera escala de valores. Es legítimo el deseo de lo necesario, y el trabajar para conseguirlo es un deber: «El que no quiere trabajar, que no coma»). Pero la adquisición de los bienes temporales puede conducir a la codicia, al deseo de tener cada vez más y a la tentación de acrecentar el propio poder. La avaricia de las personas, de las familias y de las naciones puede apoderarse lo mismo de los más desprovistos que de los más ricos, y suscitar en los unos y en los otros un materialismo sofocante.[…]

Creciente ambivalencia

19. Así pues, el tener más, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es el fin último. Todo crecimiento es ambivalente. Necesario para permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra como en una prisión, desde el momento que se convierte en el bien supremo, que impide mirar más allá. Entonces los corazones se endurecen y los espíritus se cierran; los hombres ya no se unen por amistad sino por interés, que pronto les hace oponerse unos a otros y desunirse. La búsqueda exclusiva del poseer se convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza; para las naciones, como para las personas, la avaricia es la forma más evidente de un subdesarrollo moral. […]

Capitalismo liberal

26. Pero, por desgracia, sobre estas nuevas condiciones de la sociedad, ha sido construido un sistema que considera el provecho como muestra esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la prosperidad privada de los medios de producción como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes. Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fue denunciado por Pío XI como generador de «el imperialismo internacional del dinero». No hay mejor manera de reprobar tal abuso que recordando solemnemente una vez más que la economía está al servicio del hombre. Pero si es verdadero que un cierto capitalismo ha sido la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y luchas fratricidas, cuyos efectos duran todavía, sería injusto que se atribuyera a la industrialización misma los males que son debidos al nefasto sistema que la acompaña. Por el contrario, es justo reconocer la aportación irremplazable de la organización del trabajo y del progreso industrial a la obra del desarrollo.[…]

Más allá del liberalismo

58. Es decir que la regla del libre cambio no puede seguir rigiendo ella sola las relaciones internacionales. Sus ventajas son ciertamente evidentes cuando las partes no se encuentran en condiciones demasiado desiguales de potencia económica: es un estímulo de progreso y recompensa el esfuerzo. Por eso los países industrialmente desarrollados ven en ella una ley de justicia. Pero ya no es lo mismo cuando las condiciones son demasiado desiguales de país a país: los precios que se forman «libremente» en el mercado pueden llevar consigo resultados no equitativos. Es por consiguiente el principio fundamental del liberalismo, como regla de los intercambios comerciales, el que está aquí en litigio.[…]

El deber de la hospitalidad

67. Nos, no insistiremos nunca demasiado en el deber de hospitalidad -deber de solidaridad humana y de caridad cristiana-, que incumbe tanto a las familias, como a las organizaciones culturales de los países que acogen a los extranjeros. Es necesario multiplicar residencias y hogares que acojan sobre todo a los jóvenes. Esto, ante todo, para protegerles contra la soledad, el sentimiento de abandono, la angustia, que destruyen todo el resorte moral. También para defenderles contra la situación malsana en que se encuentran forzados a comparar la extrema pobreza de su patria con el lujo y el derroche que a menudo les rodea. Y asimismo para ponerles al abrigo de doctrinas subversivas y de tentaciones agresivas que les asaltan, ante el recuerdo de tanta “miseria inmerecida”. Sobre todo, en fin, para ofrecerles, con el calor de una acogida fraterna, el ejemplo de una vida sana, la estima de la caridad cristiana auténtica y eficaz, el aprecio de los valores espirituales. […]

Diálogo de civilizaciones

73. Entre las civilizaciones, como entre las personas, un diálogo sincero es, en efecto, creador de fraternidad. La empresa del desarrollo acercará los pueblos en las realizaciones que persigue el común esfuerzo, si todos, desde los gobernantes y sus representantes hasta el más humilde técnico, se sienten animados por un amor fraternal y movidos por el deseo sincero de construir una civilización de solidaridad mundial. Un diálogo centrado sobre el hombre y no sobre los productos o sobre las técnicas, comenzará entonces. Será fecundo si aporta a los pueblos que de él se benefician, los medios que lo eleven y lo espiritualicen; si los técnicos se hacen educadores y si las enseñanzas impartidas están marcadas por una cualidad espiritual y moral tan elevadas que garanticen un desarrollo, no solamente económico, sino también humano. Más allá de la asistencia técnica, las relaciones así establecidas perdurarán. ¿Quién no ve la importancia que entonces tendrán para la paz del mundo?”

DESCONTENTO   DE  LA  JERARQUÍA  ECLESIÁSTICA

Las encíclicas citadas nos hablan de la suprema dignidad del hombre, de sus aspiraciones, de sus ansias de libertad, de sus ansias de justicia, de ser más, aceptando mayores responsabilidades y compromisos.

Condenan el lucro como fin humano primordial.

Condenan la competencia como fin de la economía que debe estar al servicio del hombre y no al revés.

Por eso cuando el liberalismo económico sin freno ni regulación está causando tanto sufrimiento generalizado.

Por eso cuando se acrecientan las desigualdades  no solamente entre los países sino dentro de cada uno de ellos como demuestran los Índices de Desigualdad, GINI, que elabora el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) y otros observatorios internos.

Por eso las autoridades eclesiásticas no deben estar contentas con un proyecto legislativo que dicen que se ha negociado con ellas y que:

  • Ignora que la competitividad conlleva: sueldos míseros, trabajo esclavo, también infantil,  externalizado en países en los que no existen derechos laborales, evasión de impuestos, declaración de beneficios en paraísos fiscales, explotación de recursos de países subdesarrollados (petróleo o coltan para fabricar móviles y aparatos electrónicos).
  • Ignora que competitividad supone que los hombres luchan con toda clase de armas para vencer a otro hombre en la lucha por la vida.
  • Ignora que competitividad significa que los poderosos se valen de todas las argucias para aplastar al más débil.
  • Ignora que contra la COMPETITIVIDAD está la COOPERACIÓN  en la que los hombres se hermanan para lograr un objetivo común.
  • Ignora que  con la COOPERACIÓN las personas rinden más y se desarrollan en un clima de igualdad y fraternidad.
  • Ignora lo que significa DEBER DE HOSPITALIDAD, que puede convertirse en delito sin que solamente alcen la voz algún grupo de chalados, puede que antisistema.
  • Ignora lo que significa DIÁLOGO DE CIVILIZACIONES que tantas risas levantó y que serviría para hermanar países. Todos podemos aprender de los otros.
  • Ignora el incremento en el número de suicidios en España debido principalmente a la soledad de las personas producto de una educación individualista y egoísta.  Es significativo el informe de Gilbert Martínez Gamote que incluye una cartografía del Dolor:  http://gilbebo.blogspot.com.es/2012/12/cronicas-de-lo-inexplicado-suicidios-x.html

Solamente el que ha padecido o padece el llamado SISTEMA conoce los sufrimientos que causa, la ansiedad que producen las carreras de obstáculos, la tensión interna que produce el callar eternamente, el miedo a perder el empleo, el miedo a las fusiones y movimientos especulativos.

Los estímulos deben ser internos, nunca externos corrompiendo por la recompensa o atemorizando por la represalia.

Solamente si la educación no se considera como una competición en la que triunfarán los “mejores” sino que trata de sacar de dentro de cada uno de nosotros lo mejor que llevamos, se aceptarán las diferencias, se admirará al que sobresalga en cada uno de los campos y éste actuarán sin arrogancia.

 

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