Un riesgo global

20 enero 2013 | Categorías: Mercados Financieros, Opinión | |

Así funcionan los fondos buitre

Juan Hernández Vigueras – Consejo Científico de ATTAC España

La demanda ante los tribunales de Nueva York y la retención de la Fragata Libertad demuestran el enorme poder de los fondos buitre, que operan en el marco de un sistema financiero global descontrolado y constituyen un problema que amenaza incluso a algunos países europeos, como Grecia y España.

Hasta hace poco, los fondos buitre eran un problema para algunos países en vías de desarrollo con elevado endeudamiento externo generado por regímenes dictatoriales. Pero en la actualidad se presentan como un peligro para los países europeos empobrecidos como Grecia. Lejos de ser algo marginal, son parte de un sistema financiero globalizado sin control, que amenaza la economía real y hasta la misma democracia. Los denominados en el argot financiero anglófono vulture funds (fondos buitre, en español) no son más que el apelativo de los fondos de inversiones de alto riesgo (hedge funds) que, carentes de regulación alguna, se especializan en la adquisición de valores y activos devaluados de corporaciones empresariales pero, sobre todo, de bonos soberanos de Estados en dificultades económicas o al borde de la bancarrota. Porque en los mercados financieros mundiales las deudas de los Estados son un activo más, objeto de negocios puramente especulativos.

La amenaza sobre Grecia
En mayo de 2012, The Guardian informaba que unos días antes un grupo de fondos buitre había obtenido enormes ganancias aprovechando los altibajos en la cotización de la devaluada deuda griega, mientras los ciudadanos griegos veían disminuir los empleos y los salarios y el deterioro de su nivel de vida. Añadía el periódico británico que estos fondos han estado adquiriendo bonos soberanos griegos sometidos a legislación extranjera, porque a los bonistas bajo la ley nacional se les obligó por acuerdo mayoritario a aceptar un recorte, aunque les haya resultado rentable. Pero esto no ha bastado a los fondos de alto riesgo como Dart Management, domiciliado en las Islas Caimán, que se han ganado el calificativo de buitre; o al fondo Elliot Associates, matriz del fondo buitre NML Capital, muy conocido por peruanos y argentinos, dueño al parecer de un buen paquete de deuda griega. Según el estudio de abogados Bingham McCutchen, un grupo de estos fondos se estaba organizando con el fin de adoptar, llegado el momento, acciones judiciales contra Grecia. El objetivo es el de siempre: obtener importes superiores al capital invertido mediante rentabilidades por el valor nominal de los bonos (1).

Los fondos buitre pueden ser una amenaza política previsible para ciertos países de la Unión Europea democrática y desarrollada. Representan una modalidad de especulación financiera singular, que consiste en adquirir bonos soberanos a precio de saldo, en circunstancias muy particulares, para luego venderlos mucho más caro, pero no tras esperar una nueva coyuntura del mercado sino forzando a los gobiernos a pagarles más de lo que pagaron, con grave perjuicio para las economías y el bienestar de la población. Para ello disponen del poder que les concede el sistema financiero global vigente.

Las innovaciones de Wall Street
Veamos cómo surgieron. Los escasos estudios realizados (2) apuntan que el origen de los fondos buitre se encuentra en la mutación sufrida por el endeudamiento de los Estados desde mediados de los noventa. Tradicionalmente, la deuda pública externa se contraía con un grupo de bancos sindicados que otorgaban préstamos a los gobiernos con rentabilidades fijas o variables como inversiones a largo plazo. Como era un típico negocio bancario tradicional, las entidades acreedoras no buscaban la especulación a corto plazo y se sobreentendía que apresurarse para recoger beneficios podría ir contra sus propios intereses. Más aun, estos bancos compartían el propósito de desarrollar negocios en el país del cual eran acreedores; y la idea de ejercer presiones mediante litigios para el reembolso de la deuda era contraria a ese propósito estratégico.

Sin embargo, a mediados de los noventa, gran parte de esos préstamos sindicados se fueron convirtiendo en valores bursátiles negociables. Esa transformación sustancial se apoyó en la conocida crisis de la deuda latinoamericana, que generó un largo período de reestructuraciones de la deuda soberana que vino a agravar la situación de las economías de los países afectados. Y fue entonces, hacia 1989, cuando el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Nicholas Brady, diseñó su famoso plan, consistente –simplificando– en el canje de los préstamos sindicados a los gobiernos por bonos con los que se podía comerciar libremente. De ahí que poco más tarde se llamara “bonos Brady” a aquellos surgidos durante la reestructuración de la deuda soberana, específicamente a los títulos bursátiles surgidos del canje de los préstamos de los bancos comerciales a los gobiernos por bonos soberanos negociables. Fue una de las tantas innovaciones introducidas en interés de Wall Street con el objetivo de ampliar los mercados financieros, basándose en la libertad de los movimientos internacionales de capitales y en la titulización (“securitization”) (3) o conversión de los créditos (deudas) en valores bursátiles, un mecanismo similar al que llevó luego a la difusión de valores respaldados por las famosas hipotecas subprime.

De este modo, hoy los mercados de la deuda soberana donde operan los fondos buitre son una cuota importante de los mercados financieros globales, que someten a la economía real a un proceso generalizado de financiarización, donde “los mercados” dominan las economías y son el referente de cualquier política de un país y, podríamos decir, que son la medida de todas las cosas. En ese entorno mundial se sitúa la especulación particular de los fondos buitre cuando buscan rentabilidad imponiéndose sobre el país deudor, insensibles a sus problemas económicos y sociales y en detrimento de su potencial de desarrollo para cumplir sus compromisos exteriores.

En acción
Estos fondos especulativos idean estrategias y operativas muy elaboradas para lucrar sin crear riqueza ni empleo. Su estrategia básica, como sugiere la metáfora del buitre, consiste en sobrevolar en círculos en torno a su presa para lanzarse en picada cuando ésta, agotada, ya no tiene escape (donde vean un nicho de mercado de alta rentabilidad). Por lo general, estos fondos no representan a inversionistas ordinarios o prestamistas que adquieren la deuda de un país en el mercado primario, cuando sale a subasta pública, sino que a menudo la obtienen en el mercado secundario, cuando la cotización desciende a niveles ínfimos.

En otros casos, el proceso especulador comienza con la negativa a aceptar las reestructuraciones de deuda soberana, cuando las circunstancias económicas del país las imponen siguiendo una racionalidad económica aceptada por la mayoría de los acreedores internacionales. Se convierten así en holdout creditors, acreedores que se niegan a aceptar el acuerdo colectivo, para así obtener una mayor rentabilidad posteriormente. En ocasiones, los fondos buitre planifican “operaciones inversoras” altamente lucrativas mediante la adquisición de deuda antigua a precio de saldo, heredando a los holdouts para más tarde lograr, mediante la presión judicial, un enriquecimiento ilícito. E incluso intentarán perseguir el lucro proyectado con artimañas de todo tipo, más allá de los litigios sucesivos ante los tribunales, para obligar al país deudor a pagar más, elevando el costo de la amortización de la deuda pública externa pendiente.

El caso de Argentina ilustra la capacidad litigiosa de los buitres financieros y algunas de las tácticas extrajudiciales a las que acuden, desde el secuestro de la Fragata Libertad en Ghana a la creación de un influyente lobby ad hoc en Estados Unidos, la plataforma American Task Force Argentina (ATFA), dedicada profesionalmente –una actividad legal allá– a crear una opinión favorable a sus intereses e influir en los legisladores, bajo la dirección de dos ex altos cargos del gobierno de Bill Clinton (4).

La alta rentabilidad buscada por los fondos buitre, pues, no se logra por la vía del mercado sino gracias a su poder económico y político para asediar a los países endeudados más vulnerables, sin aportar valor añadido alguno a la economía real que genere riqueza y empleo, obstaculizando la salida de coyunturas críticas de esos países y hasta impidiendo el desarrollo económico y social. Así, durante años estos fondos especulativos han representado una plaga para los países menos desarrollados o más endeudados, desde Perú hasta Zambia, consiguiendo convertir en rehenes a aquellos Estados que habían obtenido mucha financiación externa. Durante años, los fondos buitre tuvieron cierta preferencia por aquellas naciones que el Banco Mundial y el FMI definieron como países pobres muy endeudados (Heavily Indebted Poor Countries o HIPC), a los que acribillaron con demandas judiciales. Toda una línea de negocio financiero iniciada por el magnate Paul Singer, fundador del hedge fund Elliot Associates, al que pertenecen NML Capital y Aurelius Capital, que lideran a los demandantes en el caso argentino que se sustancia ante los tribunales de Manhattan.

La regulación fracasada
Un caso interesante y gráfico es el de Zambia, que demostró la incapacidad del G-8 frente a las finanzas. Donegal International, una sociedad financiera registrada en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas, reclamaba 42 millones de dólares por una deuda de este país africano por la que había pagado 4 millones de dólares. El alto tribunal de Londres sentenció la suma reclamada e incrementada por los intereses, aunque la deuda tenía en su origen un valor nominal muy inferior al exigido y había nacido de la compra de tractores a Rumania por el presidente-dictador que regía Zambia en los años de la Guerra Fría (5).

El escándalo de aquel juicio y la sentencia generaron un gran revuelo en Londres entre activistas y diputados en momentos en que se debatía el asunto de la pobreza en África. El primer ministro, Gordon Brown, llevó esta cuestión a las reuniones del G-8 en Escocia, sin lograr ningún resultado práctico. Pese a estas derrotas, más las campañas ante la opinión pública y las autoridades contra la deuda llevadas a cabo por ONG como Jubileo 2000 lograron cierto impacto. Finalmente, en abril de 2010 el Parlamento británico aprobó una ley que impide el reclamo de las deudas de los países más pobres ante los tribunales de Londres. Pero la realidad hoy es que ese paso adelante no ha resuelto el problema de la gran especulación financiera que pone de rodillas a los gobiernos democráticos en coyunturas económicas complicadas, o que sigue expoliando a los países como la República Democrática del Congo, donde un fondo buitre neoyorquino, FG Capital Management, le reclama nada menos que 100 millones de dólares al país más saqueado de África.

1. The Guardian, 17-5-12.
2. Véase, por ej., Kenneth H. Fukuda, What Is a Vulture Fund?, The Center for International Finance and Development, The University of Iowa, mayo de 2008 en http://ebook.law.uiowa.edu/ebook/about-us
3. Leonard Seabrook, US Power International Finance. The Victory of Dividends, Palgrave, 2001.
4. The Wall Street Journal Americas, 15-10-12.
5. Greg Palast, Vulture Fund Threat to Third World, BBC, 14-2-07, www.gregpalast.com/vulture-fund-threat-to-third-world/

Una especulación adicional
El negocio de los fondos buitre presenta otra dimensión relacionada con la especulación, con los CDS soberanos (credit default swaps o permutas de impago del crédito), el pretendido seguro frente al impago del crédito (carente de regulación y control público), un derivado de la deuda, en este caso del bono soberano; unas apuestas sobre la cotización previsible del bono soberano en un mercado volátil, paralelo al mercado secundario de los bonos. Contando con disponibilidad de liquidez, el fondo buitre suele especular simultáneamente con los CDS soberanos, con los seguros frente al impago de los bonos en litigio, como otro activo financiero en mercados extrabursátiles, opacos y de extrema volatilidad. Porque en estos mercados impactan las situaciones de acoso de los fondos buitre a los gobiernos; las noticias o rumores difunden una imagen nociva o distorsionada de la situación real del país acosado. En consecuencia, se provocan súbitos altibajos de la prima de riesgo de ese seguro de impago sobre el bono soberano comercializado, que a su vez repercutirá en el mercado secundario de los propios bonos soberanos y encarecerá el interés exigido por los inversores en la siguiente subasta, incrementando o impidiendo la financiación externa del país deudor. Y antes de que se produzca una subida “fabricada” por la incertidumbre creada, el propio fondo buitre o el fondo de alto riesgo “amigo o matriz” habría adquirido una cantidad de esos CDS soberanos para venderla posteriormente en el momento óptimo, cuando pueda serle rentable durante el largo proceso de la reclamación en curso. Son los negocios de alto riesgo socialmente dañinos o juegos tramposos del casino financiero que gobierna el mundo

Doctor en Derecho. Autor, entre otros libros, de El casino que gobierna el mundo. Mañas y trampas del capitalismo financiero, Capital Intelectual/Le Monde diplomatique, Buenos Aires, junio de 2012.

Artículo publicado en Le Monde diplomatique

 

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