Conformando la opinión

30 enero 2014 | Categorías: Estatal, Opinión | |

Mario España Corrado – ATTAC Castilla y León

En un artículo publicado en estas mismas páginas el 11 de octubre de 2013, Juan Carlos Monedero se preguntaba “¿Cómo es posible que la crisis brutal del capitalismo no convoque a millones en el esfuerzo de superarlo?”  Han pasado más de tres meses, se han publicado en estas y otras páginas muchos otros artículos con similares interrogantes, y la situación continúa siendo la misma… o peor, habida cuenta de que los señores y señoras del gobierno no han estado precisamente inactivos, y casi a diario nos agasajan con nuevas e ingeniosas delicias.

Gobierno que, como nos recordaba recientemente Carlos Martínez, ha resultado de unas elecciones democráticas y libres, aunque favorecido por una ley electoral claramente injusta. Pero, nos guste o no, esté cumpliendo o no su programa electoral, fue votado por el número suficiente de personas que le otorgaron la mayoría absoluta de la que ahora disfruta –en todos los sentidos del término- para masacrarnos a voluntad. Y como los votantes del PP son lo que son, es muy probable que todas esas personas volverían, hoy, a repetir su voto. Eso es lo que muestran algunas encuestas.

El pasado 11 de enero, en “¿Alguien sabe qué hacer?”, Vicente Soria –compañero de Attac PV- decía: “Las personas que eligen un papel que depositar en una urna para elegir a quienes nos gobiernan, conforman su opinión a partir de fuentes de diferente naturaleza, en interacción y adecuación a su propia ideología. Y en la consolidación de esa opinión, los medios de difusión masiva como la televisión juegan un papel fundamental…” Una TV que, como afirma Ramonet (“Cómo nos venden la moto”) impone “criterios emocionales como superiores a los argumentos racionales.” Ya que la propaganda –en la que los media ejercen una función capital- tiene como papel esencial “influir en las emociones” (Vicente Romano, “La formación de la mentalidad sumisa”.) Volveremos sobre este tema.

No es posible, en los límites de este artículo, entrar en el análisis detallado de la influencia de los medios de comunicación de masas sobre el condicionamiento de las conciencias. Baste mencionar que “a través de ella se pretende crear el tipo de ser humano más conveniente para el sistema capitalista de producción y consumo.” (Ibid.) Y, por supuesto, lo que es bueno para el PP es bueno para el capitalismo, y viceversa. Todas las instituciones –políticas, educativas y, en el caso de España, religiosas- se unen para conformar la ideología dominante en el sistema, mostrando las relaciones de clase existentes como “naturales”, y las medidas políticas antipopulares -expresamente destinadas a mantener la dominación- como “de sentido común”, “lo que hay que hacer aunque nos duela” porque “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.” Un esfuercito más y Rouco Varela nos bendecirá a todos. Esto es bueno para España, nos dirán; aunque en realidad es lo bueno para la clase gobernante, esbirra del poder real.

La producción masiva de comunicación que es característica de los media, servirá para reforzar por permanente repetición el mensaje de que vamos por buen camino, ya se ve luz al final del túnel, no hay otras alternativas etc. etc. y todo gracias al desvelo del gobierno que trabaja incansablemente para superar “su herencia”.  Así, los medios de comunicación desinforman mostrando una realidad distorsionada en torno a la cual mucha gente formula sus opiniones, como señala V. Soria. E incluso, en ocasiones, aquellos que sufren en carne propia las injusticias del sistema no llegan a comprender cabalmente las formas en que son engañados, desembocando en una falsa conciencia de su situación y desconociendo hasta qué punto son perjudicados por las medidas que supuestamente se toman “para el bien de todos los españoles.” Comentaristas de TV, tertulianos, “expertos” de toda clase y calibre, alimentan más y más la confusión “atacando, por ejemplo, a las feministas [cierto obispo, recientemente] y las minorías en vez de a los sexistas y racistas ./.y los inmigrantes. Las víctimas y los efectos se toman por la causa.” (V. Romano: ibid) Y esto con una clara intención, porque “la herramienta con que se hacen las opiniones y, en última instancia, las personas, es la información” (Ibid)

En la tarea de desinformación asumida por los media como defensores del statu quo, es decir del poder real, tiene capital importancia la degradación de las palabras. Si “libertad” y “democracia”  dejaron de ser términos con significado compartido por todo el mundo bajo el influjo de la guerra contra el terrorismo de Mr. Bush (en la que las víctimas civiles no eran tales sino efectos colaterales, las torturas se metamorfosearon en abusos, y se hablaba de liberación mientras se ocupaba un país), no son menos retorcidas las manifestaciones de algunos personajes políticos nacionales cuando asimilan las protestas con la kale borroka, o la de algún conocido religioso que señala a los homosexuales como anormales y enfermos. Semejante distorsión de los conceptos coadyuva a la configuración de una realidad alternativa –la del poder- ominosa, teñida de veladas amenazas; pues intimidación y falacia es también la propuesta de una Ley de Seguridad Ciudadana pensada en realidad para ir contra la ciudadanía y su libertad de expresión. En esa nueva realidad, todo aquel que se opone al gobierno es un terrorista potencial, la ley es utilizada no para salvaguardar derechos sino para castigar al que los pida, y se ofrece en cambio una caduca, intolerante fe religiosa como consuelo, con su bonus de esperanza en el ubérrimo más allá.

En tal atmósfera de malestar y miedo, frente a un acontecer escamoteado en el trampantojo de cada informativo, sometido a palabras cuyo significado, saqueado, se ha vuelto ambiguo, es que el ciudadano medio debe conformar su opinión, ya no solamente para depositar su voto en las elecciones, sino cada día para ubicarse en sus circunstancias personales y las nacionales, a fin de realizar sus opciones.

Y entonces estamos nuevamente en la pregunta de JCM que abre estas páginas. En la necesidad de “revisitar la tesis 11 de Marx sobre Feuerbach y establecer que toca volver a interpretar el mundo antes de transformarlo”. Porque entonces comprenderemos -sigue diciendo- que “el grueso de los de abajo aún no cuestiona el capitalismo sino apenas sus excesos.”  Reinterpretar el mundo es, también, recuperar los auténticos significados del lenguaje; es desvelar la realidad real (y ruego se me perdone la redundancia, pero cuando los términos se desdibujan, se hace necesario a veces adjetivarlos); es tomar conciencia de las múltiples pulsiones  sociales que condicionan las conductas y que deberemos erradicar si aspiramos a que la gente comprenda y actúe.

¿Qué hacer? –se preguntaba Vicente Soria. Y ensaya una respuesta: “ese –qué hacer- pasaría en todo caso por una reeducación global e integral de la ciudadanía, reempoderándola de todo el argumentario necesario que alimentara una respuesta indignada.” Es decir, la labor pedagógica que Attac siempre ha asumido.

Reinterpretar el mundo es recuperar su hechura verdadera, denunciando su suplantación por el espantajo neoliberal. Es rechazar la lucha de todos contra todos, combatir la interiorización de los valores –en verdad antivalores- del sistema, que los media promocionan de forma constante: individualismo, egocentrismo, competitividad, adoración del dinero y el éxito. Es observar con mentalidad crítica lo que nos rodea para desenmascarar las mentiras que los esbirros funcionales al poder urden como una telaraña desde todos SUS canales de información.

“No es imposible generar una nueva conciencia social” –termina diciendo Soria.  Y mi única discrepancia radica en su propuesta de la emoción para llegar a la ciudadanía. También Monedero la menciona: “tener como tarea inmediata emocionar.”  Naturalmente puedo estar errado, pero creo que lo primero es el trabajo racional de desmontar la mentira, y eso no puede ser hecho desde la exaltación irracional. El propio Monedero dice antes que para cumplir esa tarea “tiene que convencer”, esto es demostrar con argumentos. La emoción será más útil luego, cuando el intelecto haya desbrozado el camino.  Pienso, con Irene Lozano (“El saqueo de la imaginación. Cómo estamos perdiendo el sentido de las palabras”) que, puesto que el fin del engaño es controlar la voluntad del individuo y restringir su libertad, “frente a la emoción del miedo instilado y sus consecuencias sobre nuestros actos, sólo hay un arma: la razón.” No obstante esta dicotomía queda apenas anotada para algún análisis futuro.

Ciertamente, estas breves anotaciones relativas a un tema de tal magnitud como la manipulación del pensamiento, se quedan en  unos apuntes fragmentarios –y por tanto incompletos- cuya única finalidad puede ser llamar la atención de los lectores hacia factores del comportamiento social que, por no ser inmediatamente perceptibles, suelen permanecer fuera del campo de observación. La cuestión del manejo de la opinión pública, dónde, cómo y por qué comenzó, queda para un próximo artículo.

 

ATTAC España no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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