La Gran Recesión y el salario mínimo

24 julio 2011 | Categorías: Trabajo | |

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC.

El mayor problema que existe hoy en la economía mundial es la insuficiente demanda de bienes y servicios que estimulen el crecimiento económico y la producción de empleo. Ello queda claro en los países capitalistas desarrollados, en los que la Gran Recesión parece eternizarse, y ello debido, en parte, a las políticas de recortes de gasto público, incluido el gasto público social, que está deprimiendo todavía más la demanda doméstica y, con ello, retrasando la recuperación económica. En realidad, en algunos de estos países, como en los países de la periferia de la Eurozona (España, Grecia, Portugal e Irlanda), tales políticas de recortes de gasto público y reducción de los salarios están causando un retroceso y un descenso de su riqueza, con estancamiento, o incluso reducción, de su PIB.

Pero la escasez de la demanda doméstica es también un problema grave en los países emergentes, tal como prueba su dependencia de sus exportaciones como manera de salir de la crisis y conseguir su recuperación económica. Sus economías orientadas a las exportaciones son un indicador claro de que no tienen una demanda doméstica que pueda convertirse en el motor de sus economías. Y ahí está el problema.

¿Cuál podría ser la solución al problema de la insuficiente demanda de bienes y servicios hoy en el mundo? Una solución propuesta por Thomas I. Palley, economista que goza de gran credibilidad en los círculos progresistas de EEUU (tales como sindicatos y movimientos sociales), así como organismos internacionales (como la Organización Internacional del Trabajo, OIT), es establecer el salario mínimo a nivel internacional global. La experiencia acumulada con el salario mínimo en los países que lo han instituido, es que afecta positivamente al nivel salarial de la mayoría de los trabajadores, y no sólo de los que reciben salarios bajos. Así, en EEUU, el salario mínimo tiene un impacto inmediato en aumentar los salarios de las dos decilas inferiores de los salarios, y (aunque en menor medida) de las otras dos decilas por encima de las dos decilas salariales más bajas.

Tal salario mínimo no debería ser, naturalmente, una cantidad fija para todos los países. Sería una cantidad definida por su distancia a la mediana salarial de cada país. No se permitiría ningún salario por debajo del 60% de la mediana salarial (la mediana salarial es la que tiene la mitad de los salarios por encima y la otra mitad por debajo) en aquel país o en aquella región. Naturalmente que los países podrían modificarlo para incrementarlo si así lo deseara. Pero no se le permitiría bajarlo.

Una consecuencia de tal medida sería el aumento de la productividad. De nuevo, es ampliamente conocido que una economía de bajos salarios determina una economía de baja productividad. El empresario no invertirá en el puesto de trabajo, aumentando su productividad, si tiene abundante mano de obra a su disposición. Si tiene que pagar salarios altos, tendrá que invertir más en estos puestos de trabajo de manera que la productividad aumente. No es, como constantemente se acentúa, que la economía de escasa productividad determine bajos salarios. Es precisamente al revés; los bajos salarios determinan una economía de baja productividad. De ahí que una manera de estimular el incremento de la productividad sea el aumento de los salarios a base de generalizar la aplicación del salario mínimo a nivel mundial.

Esta propuesta es de especial interés y su aplicación tiene gran relevancia para los países de la Unión Europea y de la Eurozona que están en medio de una Gran Recesión, debido a un déficit de demanda, resultado, en parte, de la disminución de la capacidad adquisitiva de la población trabajadora, al haber disminuido las rentas del trabajo como porcentaje de las rentas nacionales. Sería importante que las fuerzas progresistas en la Unión Europea (tanto sindicatos europeos, como partidos y movimiento sociales) hicieran suya tal propuesta.

Una última observación. Una observación que aparece frecuentemente en los medios de mayor difusión del país es que las izquierdas carecen de ideas sobre como salir de la crisis. Esta observación se repite constantemente y deliberadamente para marginar y discriminar a las izquierdas. Es cierto que la mayoría de las izquierdas gobernantes han abandonado el ideario progresista, adaptándose rápidamente al pensamiento neoliberal. Pero aquella observación es injusta cuando se incluye a las izquierdas a la izquierda de las gobernantes, pues existe un amplio abanico de propuestas alternativas a las que se están aplicando por los gobiernos, alternativas que son razonables, factibles y populares. El hecho de que no tengan mucha visibilidad mediática no quiere decir que no existan (como se repite machaconamente en un intento de descrédito y marginación), sino que no se publican, comentan o debaten en los mayores medios. Aconsejo a los que realizan tales observaciones que lean, además de los medios de difusión y persuasión dominantes, la prensa de medios alternativos, incluidas las publicaciones en la red, que muestran mayor creatividad y vivacidad que la mayoría de medios de mayor difusión, que se limitan, en su mayor parte, a la reproducción de la sabiduría convencional.

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