Hablemos de las Cajas de Ahorros

2 agosto 2011 | Categorías: Opinión | |

Carlos Martínez García – ATTAC Andalucía.

Vaya por delante que, como es sabido, soy partidario de la nacionalización de las cajas de ahorros. Tras la quiebra y chorizadas descubiertas en la CAM de Alicante y Valencia, se ha vuelto a poner sobre la mesa el debate de las cajas y qué hacer con ellas.

Este mes dos han sido las noticias sobre estas antiguas entidades de ahorro popular, vinculadas a sus territorios en origen. El primero la salida a bolsa de Bankia y Banca Cívica y, tras esto, la crisis de la CAM y los desaguisados de sus consejeros, pero vayamos al origen de todo:

Las Cajas de Ahorros eran un fenómeno muy interesante y, haciendo abstracción del inicio de la mayoría de ellas -ligadas a la Iglesia Católica o a diversos organismos de caridad- fueron con los años el digamos banco de las clases medias bajas, los pequeños agricultores, y las clases trabajadoras con ingresos más o menos fijos. Surgidas en las capitales de provincia -algunas con apoyo de las Diputaciones Provinciales- pero también en pequeñas ciudades como Antequera, Ronda, Carlet, Pollensa o Sagunto, o en comarcas como El Penedés, entre otras muchas, vivían de captar ahorro y dinamizar mediante préstamos las economías locales e incluso la caridad gracias a los Montes de Piedad, es decir casas de empeño controladas.

Si bien fueron gestionadas por canónigos y racioneros catedralicios, caciques locales o menestralía urbana, es Largo Caballero, en la gloriosa II República, el que las moderniza más en aspectos legales. El franquismo no las toca, más que en aspectos de vigilancia general de toda dictadura, y en el hecho de garantizarse su control por parte de oligarquías provincianas afectas al régimen.

La llegada de la Constitución de 1978 las actualiza y con el tiempo se publica la LORCA, que es como se denomina a su ley reguladora. Las Cajas vinculadas a las provincias, comarcas y regiones de influencia tienen en su directiva o Consejos de Administración a políticos locales, cierto, pero también a representantes de las y los trabajadores, impositores, y por supuesto poseían unos servicios centrales profesionales y directores generales no políticos sino técnicos, que en muchas ocasiones constituían el autentico poder de las entidades.

La supuesta falta de profesionalidad de los Consejos de Administración estaba de acuerdo con su propia composición territorial, sus fundadores y sus propios ahorradores. Claro, no todo es idílico, la formula de nombrar consejeros de los impositores era y es un sorteo muy alambicado, tutelado y controlado, y los políticos dependen de la mayoría que cada partido tenga o no en su zona de radicación. Pero al fin y al cabo, se trata de políticas democráticamente electas. Lo que sí es cierto es la influencia decisiva de los poderes en cada provincia o comarca, los cacicatos locales y, hace ya bastantes años, el poder oligárquico de constructores y promotores se ha dejado notar, aunque también desde hace veinte años al menos de los gobiernos autonómicos.

Pero veamos ¿Cuál es la composición del Consejo de Administración de cualquier banco privado? ¿Acaso son economistas doctorados en Chicago todas y todos sus componentes, o no están los accionistas más potentes, nuevos ricos de sectores emergentes, amigos de los presidentes y también políticos retirados a los que se les premia su colaboración y supuesta experiencia?

Pero si los profesionalizados bancos privados son los que han creado esta crisis y son los principales culpables de la especulación financiera, promotores necesarios de la última burbuja inmobiliaria y culpables de tantas quiebras de pequeñas empresas ¿de qué estamos hablando?

El problema de las Cajas es, en primer lugar, que su composición cupular no era suficientemente democrática y participativa. En segundo lugar, su excesiva vinculación a los ricos y poderosos locales y provincianos, muy ligados a los servicios centrales, puenteando en numerosas ocasiones a los consejos de administración. La necesidad de fondos de las Comunidades Autónomas, para financiar proyectos muchas veces fracasados de antemano, como por ejemplo Terra Mítica. En tercero, su extensión territorial y competencia entre las propias cajas. Y finalmente, y como no, la burbuja inmobiliaria en la que se involucraron de cabeza la inmensa mayoría de las cajas -si bien no todas, ni todas en el mismo grado-. Pero sobre todo, su principal pecado, entiendo, fue actuar como bancos, imitar a los bancos y querer ser bancos, aplicando la filosofía neoliberal en todas y cada una de sus actuaciones, y fichar única y exclusivamente a técnicos y “expertos” neoliberales.

Pero las cajas eran un gran botín de los bancos exhaustos de fondos tras la crisis de 2007, incluso desde mucho antes. Las Cajas de Ahorros, vinculadas a las comarcas, los pueblos, los barrios obreros, los mercados de abastos, los polígonos industriales municipales y las cooperativas agrarias, captaban y captan más del 50% del movimiento financiero y una grandísima parte del ahorro popular donde alcanza cifras más altas -si bien esto puede haber cambiado algo últimamente-.

La reforma financiera aplicada a las cajas de ahorros por un pacto entre el Gobierno del PSOE y el PP que, en este terreno y otros ha impuesto su agenda, ha sido la privatización. La banca privada exigía su botín. Entrando ahora a través de la bolsa en las cajas pronto se notará su poder. Nuestros ahorros, los de las clases populares, serán transferidos a la gran banca comercial y, sobre todo, este botín no solo se lo repartirán los bancos con sede en Madrid, sino también capitales internacionales ávidos de nuevas adquisiciones y garantizar sus inversiones turísticas y de ladrillo en el Reino de España.

Las Cajas, además, hace ya bastantes años que están controladas por las Comunidades Autónomas en materia juridica, de designación de gran parte del Consejo y también a la hora de autorizar los créditos a consejeros y/o de instituciones o negocios a los que puedan estar vinculados, lo digo por lo de la CAM, aunque no solo. El supervisor es la autoridad monetaria -el Banco de España- y este ha sido el gran aliado de la banca y los poderes financieros en la desamortización de las Cajas de Ahorros, y para ello basta con seguir en las hemerotecas todas y cada una de las declaraciones al respecto de su presidente Fernández Ordoñez, alias MAFO.

Estamos pues ante el gran atraco masivo a las cajas, a nuestras cajas. Visto lo que iba a ocurrir ATTAC España, hace bastante más de un año, ya exigió su nacionalización. Hoy esta reivindicación es asumida por numerosas personas, asociaciones y sindicatos, y desde las Mesas Ciudadanas de Convergencia a DRY, pasando por numerosas asambleas del 15M, la exigencia es clara. Además, las cajas pueden ser el perfecto embrión para el sistema financiero público que necesitamos. No tienen que perder sus marcas o vinculación territorial, deben ser eso si participativas y pueden y deben ser solventes, pero al servicio de PYMES, de las clases populares y de la economía social.

Pienso que la nacionalización de las cajas, debe estar presente en nuestras reivindicaciones y demostrar de paso que, al margen del neoliberalismo excluyente y fracasado, y con criterios éticos y de sostenibilidad económica y ambiental, se puede tener una banca al servicio de las personas.

ATTAC España no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.
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