Alejandro Nadal / Paul Krugman. Excel y austeridad. Dossier

4 mayo 2013 | Categorías: Crisis sistémica, Opinión | |

Este Dossier de Sin Permiso sobre algunos aspectos de rabiosa actualidad económica consta de los siguientes textos: 1) Alejandro Nadal: Reinhart y Rogoff: el descrédito en los tiempos de crisis.2) Paul Krugman: La solución del 1%.

Reinhart y Rogoff: el descrédito en los tiempos de crisis

Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff son economistas de la Universidad Harvard. En 2009 publicaron un libro sobre las crisis de deuda pública que abarcaba un periodo de más de 200 años y cubría varias docenas de países. El libro se hizo famoso, recibió premios y homenajes como si se tratara de una gran obra. En medio de la crisis financiera que tenía como epicentro al sector privado, el libro de Reinhart y Rogoff (de ahora en adelante RR) caía muy bien a los poderes establecidos, pues desviaba la atención hacia el excesivo endeudamiento público.
En 2010, RR publicaron un artículo intitulado Crecimiento en tiempos del endeudamiento. RR calcularon las tasas de crecimiento del PIB de una veintena de países para el periodo 1946-2009 y las compararon con los niveles de endeudamiento público. Encontraron que la tasa de crecimiento promedio oscila entre 3 y 4 por ciento cuando el endeudamiento público es inferior al 90 por ciento del PIB. En cambio, más allá de ese nivel de endeudamiento el PIB decrece a una tasa de –0.1 por ciento anual. Para RR la conclusión era clara: la máxima prioridad es reducir el endeudamiento para poder crecer.
De nuevo el artículo de RR fue citado una y mil veces para justificar la aplicación de políticas de austeridad fiscal en Estados Unidos y Europa. Ese trabajo se convirtió en el principal sustento “científico” para promover la política de consolidación fiscal en los países ya golpeados por la crisis. Y nunca es ocioso insistir en que dicha política ha tenido un terrible impacto sobre el empleo, la desigualdad y la pobreza. El costo social de RR no es despreciable.
Hace pocas semanas, tres economistas de la Universidad de Massachusetts, Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin (de ahora en adelante HAP), trataron de repetir el ejercicio estadístico de RR y se toparon con varios problemas. Su análisis descubrió que Reinhart y Rogoff incurrieron en errores elementales de estadística, manipulación de datos y errores en el manejo de la hoja de cálculo del conocido programa Excel.
El estudio de HAP revela que el principal resultado de RR se alcanzó al excluir datos sobre la experiencia de Australia, Canadá y Nueva Zelanda a finales de los años cuarenta. Los datos sobre Bélgica para todo el periodo también fueron omitidos. Quizás el ejemplo de manipulación más burda corresponde al tratamiento de Nueva Zelanda e Inglaterra. Resulta que en el periodo estudiado Inglaterra tiene 19 años con endeudamiento superior al umbral de 90 por ciento, pero con crecimiento del PIB de 2.4 por ciento. Por otra parte Nueva Zelanda tiene un año de alto endeudamiento (1951) en el que su economía sufre una caída de -7.6 por ciento. Los 19 años de Inglaterra (con alto endeudamiento y crecimiento positivo) y el año de Nueva Zelanda (con alto endeudamiento y caída en el PIB) fueron promediados como si tuvieran el mismo peso. Esa forma de ponderar es evidentemente tramposa, a falta de otro calificativo.
En síntesis, utilizando la misma base de datos de RR, cuando se corrigen estos problemas se llega al resultado de que para los países con endeudamiento por arriba de 90 por ciento del PIB la tasa de crecimiento es positiva (2.2 por ciento) en lugar de negativa (-0.1 por ciento) como alegan RR. En síntesis, los datos de RR corregidos indican que la tasa de crecimiento para países con alto endeudamiento es ligeramente inferior a la que corresponde a países con menores niveles de endeudamiento.
El problema no está solamente en los errores aritméticos y manipulación de datos identificados por HAP. Ya de entrada la base teórica de la investigación de Reinhart y Rogoff es una zona de desastre. Su libro de 2009 es un amplio catálogo de errores y descuidos. Se dejan de lado regímenes distintos de creación monetaria, de tipos de cambio, se agrega deuda en divisas extranjeras y monedas nacionales y se falla al no distinguir cuidadosamente la deuda soberana de la privada. Las observaciones año-país del artículo de RR para 1946-2009 también dejan mucho que desear en términos analíticos.
Quizás el principal defecto de Reinhart y Rogoff es su visión simplista sobre el vínculo de causalidad entre endeudamiento y crecimiento. RR han promovido de manera explícita y en múltiples ocasiones la idea de que el endeudamiento es la causa del lento crecimiento. Nunca han dedicado su atención a la posibilidad de que la causalidad siga el camino inverso: es decir, que un lento crecimiento sea el origen de un mayor endeudamiento. Esto tiene bases analíticas importantes, además de numerosos ejemplos empíricos. Por ejemplo, el coeficiente deuda/PIB de Japón es el más alto del mundo y fue provocado por dos décadas de crecimiento mediocre.
No es correcto aventurar conjeturas sobre las intenciones de Reinhart y Rogoff. Hoy han respondido aceptando algunos de sus errores, pero insisten en que la crítica no cambia sus resultados principales. Lo que sí podemos observar es que se han hundido cada vez más en el pantano del descrédito.

Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

http://www.jornada.unam.mx/2013/04/24/opinion/030a1eco

La solución del 1%

Los debates económicos rara vez terminan con un KO técnico. Pero el gran debate político de los últimos años entre los keynesianos, que abogan por mantener y, de hecho, aumentar el gasto público durante una depresión, y los austerianos, que exigen recortes inmediatos del gasto, se acerca a ello, al menos en el mundo de las ideas. En estos momentos, la postura austeriana ha caído por su propio peso; no solo es que sus predicciones sobre el mundo real fuesen completamente erróneas, sino que la investigación académica que se invocaba para respaldar esa postura ha resultado estar plagada de equivocaciones, omisiones y estadísticas dudosas.
Aun así, sigue habiendo dos grandes preguntas. La primera: ¿cómo llegó la doctrina de la austeridad a ser tan influyente en un primer momento? Y la segunda: ¿cambiarán en algo las políticas ahora que las principales afirmaciones austerianas se han convertido en carnaza para los programas de humor de madrugada?
Sobre la primera pregunta: la preponderancia de los austerianos en los círculos influyentes debería inquietar a cualquiera a quien le guste creer que la política se basa en hechos reales o, incluso, que está muy influida por ellos. Después de todo, los dos principales estudios que ofrecen la supuesta justificación intelectual de la austeridad —el de Alberto Alesina y Silvia Ardagna sobre la “austeridad expansiva” y el de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff sobre el peligroso “umbral” de la deuda, situado en el 90% del PIB— tuvieron que enfrentarse a críticas devastadoras nada más publicarse.
Y los estudios no resistieron un análisis pormenorizado. Hacia finales de 2010, el Fondo Monetario Internacional (FMI) refundió el estudio de Alesina y Ardagna con datos mejores e invalidó sus hallazgos, mientras que muchos economistas plantearon dudas fundamentales sobre el de Reinhart y Rogoff mucho antes de que conociésemos el famoso error de Excel. Por otra parte, los acontecimientos del mundo real —el estancamiento en Irlanda, que fue el primer modelo de austeridad, la caída de los tipos de interés en Estados Unidos, que se suponía que iba a enfrentarse a una crisis fiscal inminente— rápidamente convirtieron las predicciones austerianas en sandeces.
Sin embargo, la austeridad mantuvo e incluso reforzó su dominio sobre la opinión de la élite. ¿Por qué?
Parte de la respuesta seguramente resida en el deseo generalizado de ver la economía como una obra que ensalza la moral y las virtudes, de convertirla en un cuento sobre el exceso y sus consecuencias. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, cuenta la historia, y ahora estamos pagando el precio inevitable. Los economistas pueden explicar hasta la saciedad que esto es un error, que la razón por la que tenemos un paro tan elevado no es que gastásemos demasiado en el pasado, sino que estamos gastando demasiado poco ahora y que este problema puede y debería resolverse. Da igual; muchas personas tienen el sentimiento visceral de que hemos pecado y debemos buscar la redención mediante el sufrimiento (y ni los argumentos económicos ni la observación de que la gente que ahora sufre no es en absoluto la misma que pecó durante los años de la burbuja sirven de mucho).
Pero no se trata solo del enfrentamiento entre la emoción y la lógica. No es posible entender la influencia de la doctrina de la austeridad sin hablar sobre las clases y la desigualdad.
A fin de cuentas, ¿qué es lo que quiere la gente de la política económica? Resulta que la respuesta depende de a quién preguntemos, una cuestión documentada en un reciente artículo de investigación de los politólogos Benjamin Page, Larry Bartels y Jason Seawright. El artículo compara las preferencias políticas de los estadounidenses corrientes con las de los muy ricos y los resultados son reveladores.
Así, al estadounidense medio le preocupan un poco los déficits presupuestarios, lo cual no es ninguna sorpresa dado el constante aluvión de historias de miedo sobre el déficit en los medios de comunicación, pero los ricos, en su inmensa mayoría, consideran que el déficit es el problema más importante al que nos enfrentamos. ¿Y cómo debería reducirse el déficit presupuestario? Los ricos están a favor de recortar el gasto federal en asistencia sanitaria y la Seguridad Social —es decir, en “derechos a prestaciones”—, mientras que los ciudadanos en general quieren realmente que aumente el gasto en esos programas.
Han captado la idea: el plan de austeridad se parece mucho a la simple expresión de las preferencias de la clase superior, oculta tras una fachada de rigor académico. Lo que quiere el 1% con los ingresos más altos se convierte en lo que las ciencias económicas dicen que debemos hacer.
¿Realmente redunda en interés de los ricos una depresión prolongada? Es dudoso, dado que una economía próspera suele ser buena para casi todo el mundo. Lo que sí es cierto, sin embargo, es que los años transcurridos desde que tomamos el camino de la austeridad han sido pésimos para los trabajadores, pero nada malos para los ricos, que se han beneficiado del aumento de los rendimientos y de los precios de las acciones aun cuando el paro a largo plazo empeora. Puede que el 1% no desee realmente una economía débil, pero les está yendo lo bastante bien como para dejarse llevar por sus perjuicios.
Y esto hace que uno se pregunte hasta qué punto cambiará las cosas el hundimiento intelectual de la postura austeriana. En la medida en que tengamos una política del 1%, por el 1 % y para el 1 %, ¿no seguiremos viendo únicamente nuevas justificaciones para las viejas políticas de siempre?
Espero que no; me gustaría creer que las ideas y los hechos importan, al menos un poco. De lo contrario, ¿qué estoy haciendo con mi vida? Pero supongo que veremos qué grado de cinismo está justificado.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de 2008
http://www.caffereggio.es/2013/04/28/la-solucion-del-1-de-paul-krugman-en-negocios-de-el-pais/

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