Los “Papeles de Panamá”: el papel de los paraísos fiscales en el capitalismo actual. Dossier

Alejandro Nadal / Thomas Piketty / Michael Roberts www.sinpermiso.info

image0041La publicación de los primeros resultados de la investigación sobre los “Papeles de Panamá” ha tenido efectos importantes en poco más de una semana. La dimisión del primer ministro de Islandia, Sigmundur David Gunnlaugsson, acosado por una manifestación de 10.000 ciudadanos ante su residencia oficial; los escándalos que han afectado personalmente a David Cameron en el Reino Unido, a Mauricio Macri en Argentina, así como a primeros ministros, presidentes y monarcas  (o sus familiares) de más de treinta países ha puesto de relieve de forma descarnada la conexión entre poder, corrupción y capitalismo. En el Reino de España ha sido el ministro de industria, José Manuel Soria, el que se ha visto obligado a renunciar a su cargo en funciones. No dejan de ser curiosos, sin embargo, ciertos aspectos de estas revelaciones. Como se ha señalado, los documentos llegaron a la redacción del Süddeutsche Zeitung a comienzos de 2015. Cuando el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación ha dado a conocer parte de la información investigada, algunos de los medios nacionales asociados lo han hecho de forma selectiva –como ha sido el caso en Argentina, denunciado por Le Monde-, cuidando de forma selectiva el ritmo de las entregas de los datos de los que disponen, o incluso intentando descalificar las implicaciones de responsabilidad jurídica o penal, para no hablar moral, de esta gigantesca trama de evasión y corrupción fiscal. El ministro de justicia en funciones del Reino de España,  Rafael Catalá, ha llegado a afirmar que: ”No me parece que Panamá sea un paraíso fiscal, en el sentido de que no haya garantías de derecho, hay una cultura jurídica distinta”. Efectivamente, entre las condiciones para lograr el contrato de ejecución de las obras de ampliación del canal de Panamá a la empresa SACYR, se encontraban la retirada de Panamá de la lista española de paraísos fiscales y la firma de un tratado de doble imposición fiscal, que entró en vigor en julio de 2011. Si a ello se añade la amnistía fiscal de Montoro en 2012 (que fue precedida por las de Boyer (1984) y Solchaga (1991) se logra un cuadro de “culturas jurídicas distintas” más completo. SP

Lecciones de Panamá

Alejandro Nadal

Existen varios mensajes importantes en el contenido de los 11.5 millones de documentos de la firma panameña Mossack Fonseca filtrados a los medios. En términos digitales la filtración tiene dimensiones realmente astronómicas, con más de 2 terabytes de información. Y eso entraña un riesgo: la saturación de la capacidad de análisis.

Mossack Fonseca es una firma especializada en la constitución de empresas y estructuras legales para canalizar fondos hacia espacios económicos en los que las reglas son menos rígidas, por no decir inexistentes. Por eso los documentos filtrados involucran a más de 214 mil empresas offshore (entidades legales que escapan a la legislación del país de origen de sus propietarios). Se puede decir que Mossack Fonseca vende confidencialidad, pero eso se traduce en ocultamiento, evasión y, por supuesto, en el camuflaje de la corrupción y el lavado de dinero. Pero la mercancía más vendida por las empresas como Mossack Fonseca es la cortina de humo para la especulación financiera.

El análisis de la información contendida en los documentos filtrados parece estarse agotando en el escándalo. Los medios hablan de revelaciones espectaculares sobre la evasión fiscal de cientos de celebridades y de la corrupción de políticos en todas partes del mundo. Pareciera que lo importante ha sido exponer a la luz pública la inmundicia del comportamiento de algunas de estas figuras que hoy ven su reputación algo manchada. Esta es la dimensión del tema de los papeles de Panamá que más atención ha recibido por los medios. Es como si se hubiera entregado al público un escándalo más para disfrutar con regodeo (o como dicen algunos, con algo de Schadenfreude, palabra alemana que designa el sentimiento de alegría por la desgracia o sufrimiento de otro).

Por cierto, las líneas que han privilegiado el Wall Street Journal (WSJ) y el New York Times (NYT) son reveladoras. Según estos periódicos, la filtración de los documentos de Panamá muestra dos cosas. Primero, que los gobiernos son corruptos y que no se puede confiar en ellos. Así que según el NYT la culpa de todo la tiene, como siempre, el gobierno. Segundo, que el negocio de las empresas offshore se ve amenazado y su rentabilidad disminuida por el escándalo. Y eso, según el WSJ ¡es una mala noticia para la economía mundial!

La otra vertiente en el análisis de los Papeles de Panamá tiene que ver con la desigualdad económica. Los documentos divulgados revelan cómo se las maneja el uno por ciento de la humanidad constituido por los estúpidamente ultra-ricos. Para Gabriel Zucman, economista de la Universidad de California en Berkeley y autor del libro La riqueza oculta de las naciones, la filtración nos vuelve a mostrar algo de las dimensiones de la evasión fiscal global realizada a través de empresas offshore. Según sus cálculos ésta asciende a unos 200 mil millones de dólares anuales. Para Zucman la lección más importante de los documentos de Panamá es que es necesario proceder a una regulación estricta de los paraísos fiscales y de sus estrategias para establecer estas entidades legales, las empresas offshore, que son simples cascarones vacíos al interior de los cuales ocurren todo tipo de arreglos más o menos tenebrosos.

Tiene razón Zucman en hacer hincapié en el tema de la regulación financiera. Pero hay un error si se piensa que esas entidades huecas o empresas cascarón que son las offshore sirven única o primordialmente para la evasión fiscal.

La realidad es diferente. Las empresas offshore constituyen una base para todo tipo de actividades, muchas de ellas relacionadas con la especulación financiera: desde la emisión de títulos de deuda para obtener recursos en diferentes mercados financieros, hasta facturar todo tipo de operaciones para permitir el uso de precios de transferencia en operaciones intra-firma y transferir rentabilidad de un espacio económico a otro. Y por supuesto, las offshore son la plataforma clave para involucrarse en el mercado mundial de divisas y para los flujos de capitales que son el azote de cualquier economía. La estela destructiva de esos flujos de capital ha cancelado la posibilidad de una política macroeconómica anti-cíclica y socialmente responsable.

No hay que olvidar que el dominio del sector financiero impuso a escala internacional la desregulación financiera y bancaria con el fin de abrir la puerta al arbitraje y la especulación. Y las firmas de abogados al estilo Mossack Fonseca tienen como misión construir la infraestructura legal que permite aprovechar esa debilidad regulatoria para obtener los frutos de la especulación financiera a escala mundial.

En síntesis, la importancia de las filtraciones de los documentos de Panamá va mucho más allá de las corruptelas de celebridades y políticos. Y tampoco se agota con el importante tema de la evasión fiscal. Los servicios que prestan los bufetes de abogados como el de los documentos filtrados son la esencia del neoliberalismo global. Es urgente aquilatar la verdadera importancia de la filtración de documentos de Panamá y derivar las lecciones correctas.

La Jornada, 13 de abril 2016

 

Los Papeles de Panamá: actuar ahora, sin esperar a la próxima crisis

Thomas Piketty

La cuestión de los paraísos fiscales y la opacidad financiera ha sido noticia de primera plana desde hace años. Por desgracia, en este tema hay una gran brecha entre las triunfantes declaraciones de los gobiernos y la realidad de lo que de verdad hacen.

En 2014, la investigación LuxLeaks reveló que las multinacionales no pagan casi ningún impuesto en Europa, gracias a sus filiales en Luxemburgo. En 2016, los documentos de Panamá han demostrado hasta que punto las élites financieras y políticas en el norte y el sur ocultan sus activos. Podemos estar contentos de que los periodistas estén haciendo su trabajo. El problema es que los gobiernos no están haciendo el suyo. La verdad es que no se ha hecho casi nada desde la crisis de 2008. En cierto modo, las cosas incluso han empeorado.

Vayamos tema por tema. La exacerbada competencia fiscal sobre la tributación de los beneficios de las grandes empresas ha alcanzado nuevos niveles en Europa. El Reino Unido va a reducir su tasa al 17%, algo inédito para un país importante, sin dejar de proteger las prácticas depredadoras de las Islas Vírgenes y otros paraísos fiscales bajo la corona británica. Si no se hace nada, en última instancia acabaremos  todos alineándonos en el 12% de Irlanda, o posiblemente el 0%, o incluso en las subvenciones a las inversiones, como ya suele ser el caso. Mientras tanto, en Estados Unidos, donde hay un impuesto federal a las ganancias, la tasa es del 35% (sin incluir los impuestos adicionales de los estados, que oscilan entre 5% y 10%).

La fragmentación política de Europa y la falta de una autoridad pública fuerte nos pone a merced de los intereses privados. La buena noticia es que hay una forma de salir del estancamiento político actual. Si cuatro países, Francia, Alemania, Italia y España, que en conjunto representan más del 75% del PIB y de la población de la zona euro proponen un nuevo tratado sobre la base de la democracia y la justicia fiscal, que cuente como medida fuerte la adopción de un sistema de impuestos común para las grandes corporaciones, a continuación, los otros países se verían obligado a seguirlos. Si no lo hicieran no estarían cumpliendo con la mejora de la transparencia que las opiniones públicas han estado exigiendo durante años y estarían expuestos a sanciones.

Todavía hay una falta total de transparencia en cuanto a los activos privados ocultos en los paraísos fiscales. En muchas zonas del mundo, las más grandes fortunas han seguido creciendo desde 2008 mucho más rápidamente que el tamaño de la economía, en parte porque pagan menos impuestos que los demás. En Francia en 2013 un viceministro para el presupuesto afirmó con toda tranquilidad que no tenía una cuenta en Suiza, sin temor a que su ministerio pudiese encontrar ninguna información sobre ella. Una vez más, tuvieron que ser los periodistas los que revelaran la verdad.

La transmisión automática de información sobre los activos financieros, que es aceptada oficialmente en Suiza y todavía rechazada por Panamá, tiene como objetivo tratar la cuestión en el futuro. El único inconveniente es que sólo comenzará a ser aplicada, con cierta cautela, a partir de 2018, con excepciones evidentes, por ejemplo, para las acciones en fideicomisos y fundaciones. Todo esto sin la más mínima sanción prevista para los países que incumplan. En otras palabras, seguimos viviendo bajo la ilusión de que el problema se resolverá de forma voluntaria, solicitando amablemente a los paraísos fiscales que dejen de comportarse mal. Es urgente acelerar el proceso e imponer sanciones financieras y comerciales contundentes a los países que no cumplan estrictamente con las normas.

Que no haya equívocos: solo la aplicación repetida de sanciones de este tipo, al más mínimo incumplimiento (y habrá algunos, incluso por nuestros queridos vecinos en Suiza y Luxemburgo), permitirá restablecer la credibilidad del sistema y poner fin a este clima de falta de transparencia y e impunidad generalizada en la práctica de muchas décadas.

Al mismo tiempo, se debe establecer un registro unificado de valores financieros; esto implica poner los Depositarios Centrales bajo control público (Clearstream y Eurostream en Europa, Depository Trust Corporation en los Estados Unidos) como Gabriel Zucman ha demostrado claramente. En apoyo a este enfoque, también podría preverse una tasa de registro común para estos activos, y la utilización de los ingresos obtenidos para financiar un bien público global (por ejemplo, el clima).

Todavía hay una cuestión pendiente: ¿por qué los gobiernos han hecho tan poco desde 2008 para combatir la opacidad financiera? La respuesta, simplemente, es que estaban bajo la ilusión de que no había necesidad de actuar. Sus bancos centrales habían impreso moneda suficiente para evitar el colapso total del sistema financiero, evitando así los errores posteriores a 1929 que situaron al mundo al borde del colapso total. El resultado es que, efectivamente, se ha evitado una depresión generalizada, pero, al hacerlo, nos hemos llevado a cabo las reformas estructurales, reguladoras y fiscales necesarias.

Podríamos consolarnos señalando que el balance de los principales bancos centrales (que ha aumentado del 10% al 25% del PIB) sigue siendo bajo en comparación con los activos financieros totales en manos de los actores públicos y privados (aproximadamente el 1.000% del PIB o incluso el 2.000% en el Reino Unido) y podrían aumentar aún más en caso de necesidad. En realidad, esto revela principalmente la hipertrofia persistente de los balances del sector privado y la extrema fragilidad del sistema en su conjunto. Es de esperar que el mundo aprenda de las lecciones de los Papeles de Panamá y que, por fin, se luche contra la opacidad financiera sin tener que esperar a una nueva crisis.

Le Monde, 8 de abril 2016

 

Acabar con los paraísos fiscales

Michael Roberts

Los papeles de Panamá contienen 11,5 millones de documentos confidenciales que proporcionan información detallada sobre más de 214.000 empresas offshore registradas por el proveedor de servicios corporativos de Panamá, Mossack Fonseca, incluyendo la identidad de sus accionistas y directores. Una fuente anónima hizo llegar los documentos al diario alemán Süddeutsche Zeitung, a principios de 2015.

Los bufetes de abogados en general, juegan un papel central en las operaciones financieras en los paraísos fiscales y Mossack Fonseca es uno de los más grandes en el negocio. Sus servicios a sus clientes incluyen la creación y gestión de empresas fantasmas en “jurisdicciones amigables” en su nombre. Pueden crear estructuras complejas compañías encubiertas que, aunque legales, permiten a los clientes de la empresa operar detrás de una pared secreta a menudo impenetrable. Los documentos filtrados detallan algunas de sus intrincadas estructuras corporativas multinacionales. Mossack Fonseca ha actuado en nombre de más de 300.000 empresas – la mayoría de ellas registradas en centros financieros que son territorios británicos de ultramar. La firma trabaja con las instituciones financieras más grandes del mundo, incluyendo Deutsche Bank, SBC, Société Générale, Credit Suisse, UBS, Commerzbank y Nordea.

Los documentos muestran cómo los ricos, incluidos los funcionarios públicos, esconden su dinero. Los documentos identifican cinco líderes de los gobiernos de Argentina, Islandia, Arabia Saudí, Ucrania y los Emiratos Árabes Unidos, así como funcionarios públicos, familiares y socios de varios jefes de gobierno de más de  otros 40 países. Las Islas Vírgenes Británicas son el hogar de la mitad de las empresas.

Los reporteros encontraron que algunas de las empresas fantasmas pueden haber sido utilizados para actividades ilícitas, incluyendo fraude, tráfico de drogas y evasión de impuestos. Igor Angelini, jefe del Grupo de Inteligencia Financiera de Europol, dijo recientemente que las empresas utilizadas para este propósito también “juegan un papel importante en las actividades de lavado de dinero a gran escala” y la corrupción: a menudo son un medio para “transferir dinero de sobornos”. La Red de Justicia Fiscal ha calificado a Panamá como uno de los paraísos fiscales más antiguos y conocidos en las Américas, y “el destinatario del dinero de la droga de América Latina, además de otras fuentes de dinero sucio de los EE.UU. y otros lugares”.

Lo más sorprendente acerca de los papeles de Panamá no es la criminalidad y el lavado del narco-dinero, sino que es legal. En la mayoría de los países es legal establecer cuenta para una compañía o fideicomiso en un paraíso fiscal, siempre que los directivos no sean residentes en el país en el que se deben pagar impuestos. La empresa puede estar sujeta a impuestos locales, pero estos son mínimos o inexistentes. Así que si gestiona un fondo y se halla inscrito en Panamá o en Luxemburgo y todos los ingresos de esa empresa se ganan en el país de origen, no se pagan impuestos en el país. Por supuesto, si se toma dinero y lo ingresa en su cuenta bancaria, usted debe pagar impuestos. Pero el dinero puede mantenerse en el paraíso fiscal hasta que se jubile en el extranjero, o se puede usar para comprar propiedades o diamantes en el extranjero. Los territorios británicos de ultramar, como las Islas Vírgenes o Jersey, operan así y son la principal fuente de ingresos de estas islas. En los EE.UU., los estadounidenses pueden establecer una compañía offshore en Delaware o de otros estados como Nevada – y ni siquiera tienen que ir a Panamá.

Dos tercios de las compras de empresas fueron hechas por empresas registradas en cuatro territorios británicos de ultramar y dependencias de la corona, que funcionan como paraísos fiscales – Jersey, Guernsey, Isla de Man y las Islas Vírgenes Británicas. Los territorios de ultramar británicos juegan un papel importante en el papel que el imperialismo británico ha desarrollado como centro financiero global y canal para el flujo de capital internacional. Estas antiguas colonias en el Caribe fueron ‘alentadas’ a desarrollar la industria de servicios financieros, al permitir que las antiguas colonias se beneficien de los acuerdos fiscales del Reino Unido (y de este modo tener acceso al sistema financiero mundial), al mismo tiempo que establecen sus propias normativas de tributación local para las compañías offshore (1).

Tres maneras

Como ya he señalado, las grandes corporaciones globales con muchas operaciones pueden cambiar sus obligaciones fiscales en todo el mundo para encontrar la obligación tributaria más baja a través de empresas especiales establecidas en los llamados paraísos fiscales de las Islas Caimán, las Islas del Canal, Luxemburgo y jurisdicciones secretas, como la propia City de Londres. Solo Barclays tiene más de 30 “empresas fantasma” para evitar impuestos. En su devastador libro de 2012, Nicholas Shaxson expone el funcionamiento de todos estos métodos de evasión de impuestos a nivel global de las grandes corporaciones y cómo los gobiernos se confabulan con ellas o lo permiten (2).

Hay tres maneras de que alguien (persona o empresa) pueda reducir sus impuestos o no pagar nada en absoluto. Pueden mentir sobre sus ingresos (evasión de impuestos); pueden contratar a una legión de contables para elaborar estructuras empresariales diseñadas exclusivamente para evitar el pago de impuestos (evasión fiscal); o simplemente pueden negarse a pagar (incumplimiento tributario).

Uno de los casos más notorios de negativa a pagar impuestos que le correspondían legalmente ha sido el de la empresa de telefonía móvil global, Vodafone. Debía el gobierno del Reino Unido 6 mil millones de libras, porque había ocultado ganancias en una subsidiaria, registrada en Luxemburgo, simplemente para evitar el pago de impuestos en el Reino Unido. La ley era clara. El gobierno del Reino Unido reclamó a la compañía los impuestos, pero en el último momento cerró un acuerdo secreto por el cual Vodafone abonó sólo 1,2 millones de libras, 800 millones en el acto y el resto lo largo de cinco años. La razón eximida para el acuerdo – cuando fue hecho público – fue que era un “buen acuerdo en efectivo”. Pero Vodafone luchó paso a paso en los tribunales.

De acuerdo con la Red de Justicia Fiscal, alrededor de  25 mil millones de libras se pierden a través de mecanismos de evasión de impuestos en el Reino Unido, mientras que otros 70 mil millones no son recaudados como resultado de la evasión fiscal de las grandes empresas y los contribuyentes ricos. Debido a la falta de inspectores fiscales, otros 26 mil millones de libras quedan sin ingresar en el fisco (3).

Lo irónico es que los mismos especialistas que en las empresas de contabilidad organizan estas evasiones de impuestos son contratados por los departamentos de recaudación de impuestos del gobierno para perseguir a los evasores de impuestos. Edward Troup, jefe de la agencia tributaria (HMRC) del Reino Unido – el departamento gubernamental que supervisa la investigación de  10 millones de libras de los Papeles de Panamá – fue socio de un importante bufete de abogados de la City, Simmons and Simmons, que actuó en nombre de Blairmore Holdings y otra compañías offshore que aparecen en las filtraciones, cuando la empresa tenía contactos con Mossack Fonseca. Troup, quien calificó los impuestos como “extorsión legalizada” en un artículo periodístico de 1999, hizo su carrera asesorando a las empresas cómo evadir o defraudar fiscalmente antes de incorporarse a la función pública en 2004. Mientras trabajaba en la City, Troup encabezó la oposición a las reformas propuestas por Gordon Brown para frenar la evasión fiscal corporativa en 1999, publicando una nota de prensa que se titulaba: “los abogados de la City piden al gobierno retirar la propuesta para hacer frente a la evasión de impuestos”.

Según The Guardian, “Más de 170.000 millones de libras de propietarios del Reino Unido se encuentran actualmente en el extranjero … Casi una de cada 10 de las 31.000 empresas en paraísos fiscales que poseen activos británicos están vinculadas a Mossack Fonseca”. En 2015 se investigaron compras de activos británicos por valor de más de £ 180 millones como probable resultado de la corrupción – casi todos comprados a través de compañías offshore – según los datos catastrales.

Por supuesto, los recortes de impuestos para las corporaciones y los ricos, junto con los aumentos de impuestos para las familias y los pobres, no se limitan al Reino Unido. Los investigadores del Fondo Monetario Internacional estimaron en julio de 2015 que la transferencia de ganancias de las compañías multinacionales costó a los países en vías de desarrollo alrededor de 213.000 millones de dólares anualmente, casi el 2% de su ingreso nacional. La la Red de Justicia Fiscal estima que la élite capitalista internacional oculta unos 21-32 billones de dólares de activos libres de impuestos.

Thomas Piketty ha señalado que, en 2014, la investigación LuxLeaks reveló que las multinacionales no pagan casi ningún impuesto en Europa, gracias a sus filiales en Luxemburgo. En 2016, los Papeles de Panamá han demostrado hasta que punto las élites financieras y políticas en el norte y el sur ocultan sus activos. Todavía hay una falta total de transparencia por lo que se refiere a los activos privados registrados en paraísos fiscales. En muchas zonas del mundo, las más grandes fortunas han seguido creciendo desde 2008 mucho más rápidamente que el tamaño de la economía, en parte porque pagan menos impuestos que los demás.

En los EE.UU., pocas empresas grandes pagan realmente el 35% del impuesto de sociedades oficial. Las ganancias han crecido un 21% desde 2007, mientras que la contribución fiscal total de las empresas en EE UU se ha reducido un 5%. Las empresas estadounidenses están haciendo miles de millones en ganancias récord, pero 60 de las empresas más grandes del país están situando el 40% de sus ganancias en paraísos fiscales en un esfuerzo por evadir impuestos en Estados Unidos, según el Wall Street Journal (4). En el presupuesto de 2016, Obama propuso imponer un “peaje de transición” del 14% a los más de 2 billones de dólares de ganancias corporativas depositados en el extranjero. Ese impuesto único estaría dirigido contra sólo una de las diversas lagunas que utilizan las empresas de EE UU para deslocalizar sus beneficios, fuera del alcance del Servicio de Impuestos Internos.

1

El truco más conocida es el llamado ”inversiones fiscales”: las empresas estadounidenses pueden trasladar sus sedes al exterior, aunque mantengan a sus ejecutivos en Estados Unidos, lo que les permite licitar a los contratos gubernamentales y aprovechar al máximo los beneficios públicos para sus empleados. Y adivine sonde se iniciaron en primer lugar esas “inversiones fiscales”:¡Panamá! La “inversión fiscal” comenzó en 1983, cuando la empresa constructora McDermott International, cambió su sede a Panamá para evitar el pago de más de  200 millones de dólares en impuestos.

2

Las inversiones no son la única manera de esquivar al recaudador de impuestos. Las ganancias en el extranjero no se gravan hasta que se ‘repatrían’, por lo que las empresas pueden acumular ganancias en sus filiales o divisiones en el extranjero. Entre 2008 y 2013, las empresas estadounidenses depositaron más de 2.1 billones de dólares en beneficios en el extranjero, que equivale a  500 mil millones en impuestos no pagados.

Un economista compañero de Piketty, Gabriel Zucman, ha publicado recientemente un libro que muestra que 7.6 billones de dólares en activos están situados en paraísos fiscales en el extranjero, lo que equivale al 8% del total de los activos financieros en el mundo (5). En los últimos cinco años, la cantidad de riqueza en los paraísos fiscales ha aumentado más de un 25%. Nunca ha habido tanto dinero en efectivo offshore que en la actualidad.

Caída de beneficios

Aparte de la codicia, hay una muy buena razón económica para un sistema fiscal que beneficia a las corporaciones y los ricos, y perjudica a las familias medias y los pobres. Una parte creciente de los beneficios del sistema capitalista de Estados Unidos se produce en el extranjero y en el sector financiero. Al mismo tiempo que se produce la presión de una tasa decreciente de ganancia en el capitalismo.

El aumento de la desigualdad de ingresos y riqueza – bien documentada para la mayoría de los países en los últimos 30 años – no es simplemente consecuencia de la codicia y la evasión de impuestos. Es el resultado de una mayor explotación del trabajo por el capital. Ha habido un aumento de la tasa de explotación, junto con una enorme transferencia de valor hacia el sector financiero, que pertenece y es controlada por el 1% – o incluso sólo por la parte superior, el 0,1%. El llamado “período neoliberal” se caracterizó por la contención de los salarios, la globalización, una reducción de la seguridad laboral y la privatización de los servicios públicos – todo lo cual aumentó la tasa de plusvalía. Así que estamos en el mundo de los super-directivos, los oligarcas y las familias importantes, que evitan y evaden impuestos.

La reducción de la carga fiscal de las empresas ha buscado contrarrestar la caída de la rentabilidad del capital en las principales economías. Basta comparar la evolución de la tasa real fiscal sobre las corporaciones estadounidenses, en comparación con la tasa efectiva de impuestos sobre sus empleados. La tasa efectiva de impuestos es una medida de lo que están realmente pagado en comparación con los ingresos, en lugar de la tasa de impuestos oficial. Mientras que en la década de 1950 las empresas estadounidenses pagaron una tasa efectiva de alrededor del 40-45% de sus ganancias (sin dañar su rentabilidad ni el crecimiento económico, por cierto), en la década de 1990 esa tasa se había reducido a un 30-35%. En la última década se redujo aún más, a menos del 25%, y alcanzó un mínimo histórico en 2009 en plena Gran Recesión.

La tendencia es clara: las empresas pagan cada vez menos impuestos para preservar su rentabilidad. Por el contrario, el impuesto sobre la renta efectiva de los empleados se ha mantenido bastante estable, alrededor del 35%. Menos impuestos para los capitalistas y más impuestos para los trabajadores. En su último presupuesto, el ministro de hacienda del Reino Unido, George Osborne, anunció un nuevo recorte del impuesto de sociedades, a un mínimo histórico para los países del G7, del 17% antes de acabar esta legislatura.

3

Mientras que las empresas y los ricos pagan menos impuestos en el país y sacan gran parte de sus ganancias a los paraísos fiscales en el extranjero, el resto de nosotros tenemos que pagar por la pérdida de estos ingresos fiscales. A medida que la tasa efectiva del impuesto de sociedades de Estados Unidos se desplomó, los impuestos sobre la renta y los hogares fueron estáticos hasta que la Gran Recesión provocó desempleo y la caída de los ingresos. La media de los ingresos en los Estados Unidos se ha reducido un 8,5% desde el año 2000.

4

¿Que hay que hacer? En el Reino Unido, el gobierno debe poner fin a los paraísos fiscales de los territorios británicos de ultramar. Las empresas allí registradas deben pagar los mismos impuestos que en el Reino Unido. Si los más pobres en estos pequeños enclaves sufre pérdida de ingresos, el gobierno del Reino Unido puede compensarlos. Los gobiernos deben negociar un acuerdo internacional para poner fin a los paraísos fiscales como Panamá e imponer sanciones económicas contra ellos si no lo hacen. Por encima de todo, hay que acabar con los que organizar el lavado de dinero y las evasiones fiscales. Hay que situar bajo propiedad y control público los principales bancos e instituciones financieras que dominan el mundo y fomentan y proporcionan servicios para la élite rica y corrupta (como se revela en un escándalo tras otro).

Esto proporcionaría no sólo ingresos fiscales adicionales para cubrir las necesidades reales de las personas de servicios públicos e inversión sino que también permitiría que la banca y las finanzas se convirtieran en un servicio público para la provisión de créditos para la inversión.

Por supuesto, la mayoría de los gobiernos actuales y sus ricos patrocinadores se opondrían enérgicamente a tales medidas y la mayoría de los movimientos de oposición de izquierda las ignorarán por “demasiado radicales”. Pero sin estas medidas la historia de los Papeles de Panamá continuará.

Notas:

1. https://thenextrecession.wordpress.com/2016/02/24/british-imperialism-the-city-of-london-and-brexit.

2. N Shaxson Treasure islands, tax havens and the men who stole the world London 2012.

3. https://thenextrecession.wordpress.com/2011/03/28/britain-is-open-for-business-wide-open.

4.www.wsj.com/articles/SB10001424127887324034804578348131432634740.

5. G Zucman The hidden wealth of nations: the scourge of tax havensChicago 2015.

https://thenextrecession.wordpress.com/2016/04/12/opening-the-panama-canal/

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Economista. Miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. Miembro del Consejo Científico de ATTAC España

(1971) es director de estudios de la EHESS (École des Hautes Études en Sciences Sociales) y profesor asociado de la Escuela de Economía de París, además de autor de reciente y fulgurante celebridad por su libro El capital en el siglo XXI (Fondo de Cultura Económica, 2014).

Michael Roberts

Es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
ATTAC España no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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