El Brexit como una consecuencia más de las políticas neoliberales de la UE

30 junio 2016 | Categorías: Opinión, Unión Europea | |

Tom Kucharz, Luis González Reyes y Luis Rico
Miembros de Ecologistas en Acción

Consideramos que la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) es una consecuencia más de las políticas neoliberales dictadas desde las instituciones de la Unión Europea en Bruselas y Frankfurt. También es un indicador claro de la decadencia en el plano internacional de la UE y la fuerte crisis de legitimidad que ha creado.

No hay precedentes de ninguna población que se “haya marchado” de un proyecto de integración regional que consideraba que le beneficiase. El pueblo británico no es una excepción: la Unión Europea (UE) no le sirve porque le impone políticas neoliberales que le lesionan. Un régimen brutal de burocracia y autoritarismo, recortes sociales y xenofobia institucional, competitividad y la erosión de los derechos fundamentales. Estos aspectos han dado pábulo a las posiciones nacionalistas de derechas, xenófobas y machistas que han protagonizado la campaña.

La UE fue ideada por los poderes económicos y políticos dominantes, y está detrás de muchas de las políticas que han generado tremendos problemas económicos, sociales y ambientales: la privatización de servicios públicos, la liberalización del movimiento de capitales, el aumento del poder del sistema financiero, las burbujas inmobiliarias, los rescates bancarios, las deudas ilegitimas, el desmantelamiento de sectores productivos y de la agricultura familiar, la liberalización del sector energético dando lugar al oligopolio del sector eléctrico y a la pobreza energética, etc. Por sólo nombrar algunos.

Los Gobiernos británicos han participado activamente en esta construcción de la UE neoliberal. Asimismo, los partidos mayoritarios del Reino Unido han impulsado dichas políticas, como se detrae del papel de Leon Brittan y Peter Mandelson en la Comisión Europea o de La City en los procesos de liberalización de los servicios y mercados financieros. Por lo tanto, son corresponsables de esta situación.

Estas políticas han provocado el hartazgo de una gran parte de la población, pues han causado: desempleo, pobreza, desigualdades, exclusión social, precariedad, derrumbe de la calidad de servicios públicos, corrupción, despilfarro, mala calidad ambiental… Ha sido la clase humilde y trabajadora la que ha sufrido estas consecuencias, tanto dentro como fuera de la UE, frente al enriquecimiento astronómico de las fortunas financieras en La City. Es precisamente en estas circunstancias donde el populismo de ultraderecha encuentra el caldo de cultivo perfecto para crecer, promulgando el patriotismo y el odio hacia lo diferente.

El Brexit ha de entenderse dentro de este contexto y confirma que organizaciones y movimientos sociales, que llevan años denunciado a la UE, estaban en lo correcto. Quienes hemos movilizado contra las políticas comerciales, militaristas, migratorias o de exteriores de la UE hemos señalado regularmente que, para todas nuestras victorias, nunca hemos sido capaces de alterar la ideología básica de la UE que va por delante en el programa neoliberal. Y cuando la voluntad popular –con los referéndum en Francia y Holanda (2005) e Irlanda (2008)- estaba a punto de tener incidencia, las élites ignoraron la democracia e impusieron el Tratado de Lisboa.

Por ello, frente a las voces que reclaman que “Europa es la solución”, consideramos que la UE es realmente parte del problema. Incluso aquellas personas que defienden la UE reconocen que ahora –con el golpe de estado financiero contra Grecia, el crímen de lesa humanidad contra las personas refugiados y el Brexit- se enfrenta a una profunda crisis de legitimidad. Sin ir más lejos, las elites europeas muestran su rostro “humanitario” al centrar su preocupación por el Brexit en la caída de los mercados financieros, mientras miles de refugiados/as e inmigrantes mueren en las fronteras exteriores de la UE o viven en condiciones infrahumanas.

El Brexit muestra que del territorio europeo requiere una transformación social y política. Frente a la agenda de la derecha que ha marcado la campaña sobre el referéndum del Brexit, tenemos que construir un nuevo internacionalismo basado en valores feministas, democráticos, solidarios y de justicia social y ambiental. Herramientas como el Plan B para Europa pueden ayudar a conseguirlo. Necesitamos un proyecto de integración que de primacía a los derechos de las personas y regule el capital transnacional, y que defiende la libre circulación de los migrantes no sólo en Europa, sino también de fuera de ella.

En esta línea es imprescindible parar las negociaciones del Tratado transatlántico de comercio e inversión (TTIP) entre la Unión Europea y los Estados Unidos, así como impedir la firma al tratado entre la UE y Canadá (CETA), una especie de globo sonda del TTIP. Porque la política tiene que servir a la gente y no a los intereses de las multinacionales y mercados financieros.

Del mismo modo, es imprescindible desmarcarse y oponerse a los argumentos xenófobos e insolidarios que ha esgrimido el nacionalismo inglés a favor de la salida del Reino Unido de la UE.

Como respuesta a la extrema derecha, la UE debería poner en marcha vías legales y seguras que hagan frente a la dramática situación que estamos viviendo en el mar Mediterráneo, que ha ocasionado la muerte de miles de personas ante la impasividad de los gobiernos europeos. Exigimos el fin del acuerdo de la vergüenza entre la UE y Turquía y de cualquier externalización de la gestión de nuestras fronteras, el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) y rutas seguras, con medidas concretas y urgentes de acceso seguro al Estado español, como la búsqueda, el rescate y el tratamiento de las solicitudes de asilo que se realicen en Terceros Países, mediante la posibilidad de solicitar asilo en las Embajadas, y la concesión de visados humanitarios, de reagrupación familiar, de estudios, de trabajo y de reasentamiento.

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