Una alternativa de política económica

30 mayo 2017 | Categorías: Justicia Fiscal y Financiera Global, Opinión, Trabajo | |

Juan Laborda - vozpópuli

La economía global se encuentra exactamente en una situación parecida a 2006-2008. Occidente solo sabe crecer vía inflaciones de activos, alimentada por una deuda total que no para de crecer; la inversión productiva ni está ni se le espera; los salarios no aumentan; la productividad de los factores continúa cayendo; el sistema bancario mundial es profundamente frágil; y la inestabilidad financiera elevada. La mayoría de las economías desarrolladas se han vaciado, mantienen enormes déficits comerciales, y todo lo que producen son trabajadores desempleados y ciudadanos insatisfechos. Como resultado, se ha producido un aumento de la pobreza, y el mayor proceso de acumulación y adquisición de riquezas por todo el globo en favor de unos pocos.

Hemos llegado hasta aquí como consecuencia de la implementación de un sistema de gobernanza económico que hoy se encuentra completamente roto, el neoliberalismo. Sus cuatro políticas económicas más significativas han fracasado. Nos referimos, por un lado, al abandono del pleno empleo como objetivo político deseable y su reemplazo por objetivos de inflación. En segundo lugar, al aumento de la globalización de flujos de personas, capital, y comercio. En tercer lugar, a un enfoque empresarial basado exclusivamente en la maximización del valor para los accionistas, en lugar de la reinversión y el crecimiento económico. Finalmente, a la búsqueda de mercados laborales flexibles con la disrupción de sindicatos y trabajadores. Es un proyecto que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría. Esto se refleja en una clase mimada de individuos de altos ingresos.

Trabajo garantizado, salario mínimo, e imposición al suelo

La solución óptima pasa por revertir cada una de estas 4 políticas económicas. La pregunta es cómo. Se requiere una combinación de políticas económicas de medio y largo plazo; y la implementación de ciertas políticas transitorias que permitan corregir los efectos más negativos de las políticas actuales –marginalidad, exclusión, y pobreza- hasta que se alcance los objetivos de medio y largo plazo.

En primer lugar debemos recuperar el objetivo de pleno empleo, asumido durante la edad de oro del capitalismo y abandonado a su suerte tras la puesta en marcha de la agenda neoliberal (Consenso de Washington). Para ello es fundamental entender el concepto de soberanía monetaria, la base de la Teoría Monetaria Moderna, detrás de la cual se encuentran economistas postkeynesianos estadounidenses, británicos, australianos, nórdicos, españoles, italianos… Y el instrumento básico vinculado a la Teoría Monetaria Moderna es el trabajo garantizado (0% desempleo). Tras la ruptura de Bretton Woods en 1971, la mayoría de gobiernos empezaron a emitir sus monedas mediante decretos legislativos bajo un tipo de cambio flotante. Un tipo de cambio flexible libera a la política monetaria de tener que defender una paridad fija. Por lo tanto, las políticas fiscal y monetaria pueden concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener altos niveles de empleo. Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero. Pero desde el momento en que los emisores de dinero, los Estados, empiezan a ser gobernados democráticamente, las élites decidieron sin titubear crear y difundir mitos que se han ido extendiendo, y que en el momento actual están muy arraigados en la intuición colectica. El objetivo no era otro que mantener sus privilegios convirtiendo la economía en una especie de religión.

Es necesario y fundamental incrementar el salario mínimo. Uno de los dogmas asociados a la flexibilidad del mercado de trabajo es que no debe haber salario mínimo. El argumento contra el salario mínimo es idéntico al argumento contra los sindicatos: el salario mínimo constituye una barrera arbitraria para trabajadores y empleadores que forman los acuerdos sobre lo que debe ser el salario. Pero de nuevo la historia no encaja con los hechos. Ya vimos como James Montier y Philip Pilkington desmontaron esta falacia. ¡Es el principio de demanda efectiva!

Es necesario y fundamental revertir todos los procesos de privatización de los servicios públicos, desde la educación, sanidad, hasta la dependencia, pasando por los servicios sociales. En nuestro país ya somos conscientes de toda la corrupción generada alrededor de dichos procesos privatizadores, ineficientes y caros. La auténtica renta básica es el acceso de la ciudadanía a estos servicios públicos de calidad.

Es necesario diseñar un sistema impositivo que bajo el principio de equidad redistribuya la riqueza de los más acaudalados a los más pobres sin castigar la actividad productiva, en definitiva, la creación de riqueza. Si se diseña adecuadamente daría margen amplio para bajar los impuestos al factor trabajo, al factor capital, y, sobre todo, permitiría reducir de manera ostensible ese impuesto tan injusto que se ceba especialmente sobre los más débiles, el IVA. Pero para ello hay que tener voluntad política e ir a por lo que en su momento denominamos buscadores de renta. La solución ya fue ideada hace más de 100 años por un economista de San Francisco, Henry George. Se trata de establecer un impuesto sobre el valor de la tierra. ¡Qué vergüenza observar como en nuestro país los alquileres en general, y los turísticos en particular, están diezmando y expulsando a los habitantes históricos de determinados barrios!

Finalmente, otro elemento muy útil, tal como se puede observar en distintas experiencias exitosas en países nórdicos, sería el reparto de trabajo sin reducción de salarios. Es cierto que se está aplicando en países netamente exportadores e industriales, y que nuestro país en líneas generales no tiene ese perfil, pero sí en determinados segmentos muy competitivos.

Elementos de transición: renta básica universal

En una sociedad segmentada, con fuerte precarización y con una distribución desigual del empleo, la propiedad y las rentas, se debe reafirmar el derecho universal a una vida digna, el derecho ciudadano a unos bienes y unas rentas suficientes para vivir. Por lo tanto, serían necesarias unas rentas sociales o básicas para todas las personas sin recursos, para evitar la exclusión, la pobreza y la vulnerabilidad social. Una renta básica universal, como elemento de transición al pleno empleo, sería muy útil.

Sin embargo, conviene hacer una advertencia. Frente a los talibanes defensores de la renta básica universal, si solo aplicamos la misma sin desmontar la actual gobernanza dominante con sus cuatro pilares básicos, no resolveríamos nada. Todo lo contrario. Los salarios continuarían cayendo, la renta y riqueza agudizaría su concentración en pocas manos, y los servicios públicos serían completamente privatizados. En definitiva, seríamos esclavos del 1% más rico. Como dice un lector de este blog, acabaríamos en los “Juegos del Hambre”.

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