Renta básica y sesgos cognitivos

20 diciembre 2018 | Categorías: Justicia Fiscal y Financiera Global, Servicios Públicos | |

Daniel Raventós
sinpermiso

Si la racionalidad interesa, es aconsejable no caer en sesgos cognitivos, pero caemos a menudo en ellos. Uno de los muy extendidos es el conocido sesgo de confirmación por el cual sobrevaloramos las informaciones que nos corroboran nuestras creencias, opiniones, valores o hipótesis. Adicional y trivialmente: que nos gusta confirmar que “tenemos razón” es obvio, que nos cuesta más admitir que estamos equivocados también. Incluso pertrechado con esto en mente, a veces la realidad te sorprende: lo que crees que es un esquema tan simple que no puede ser cierto, se confirma con creces. La hipótesis que habías hecho… se queda corta. Quedé sorprendido de la siguiente experiencia que resumiré mucho.

Tuve la ocasión de hacer durante el mes de noviembre en Bogotá dos debates, uno en el Parlamento y otro en la Universidad Javeriana, con Michael Tannerdel Cato Institute. Este instituto, como es sabido, es un poderoso think tanklibertariano ultraliberal  que fue declarado el quinto centro de análisis más influyente del mundo por un estudio de la Universidad de Pennsylvania.

El objeto del debate era la Renta Básica desde posiciones de derecha, ahí intervenía Michael Tanner, y desde posiciones de izquierda para cuya defensa me habían invitado a mi. Por razones que no vienen al caso, había estado leyendo recientemente algunos textos sobre sesgos cognitivos. Y tenía muy presente el sesgo de confirmación y me repetía que algunos esquemas hipotéticos sobre el Cato Institute no podían ser más que esquemas, que la realidad no podía estar tan claramente delimitada, que Michael Tanner no defendería las cuatro ideas que quizás algunos teníamos simplificadas hipotéticamente en exceso, que la realidad es más compleja…

Pero me llevé una sorpresa. Iba sobre aviso cuando la realidad me sorprendió: el esquema hipotético no solamente era cierto sino que superó mis expectativas. Michael, por otra parte un tipo muy cordial y agradable, argumentó con brillantez aquello sobre lo que yo previamente tenía una cierta prevención de que acabara siendo un sesgo de confirmación: una defensa de la Renta Básica —a medias, cierto, ya que a veces se inclinaba más por los créditos por ingreso del trabajo, EITC por sus siglas en inglés, o por el impuesto negativo sobre la renta propuesto por uno de sus campeones intelectuales, Milton Friedman— desde unos postulados libertarianos. El libertarianismo no es exactamente equivalente al neoliberalismo, pero para el caso podemos hacer la equiparación lato sensu. Los postulados libertarianos fueron defendidos sin fisuras por Michael Tanner.

Intelectualmente quedé sorprendido de lo mucho que estábamos de acuerdo… en los grandes desacuerdos. Michael Tanner estuvo perfectamente de acuerdo conmigo que lo que diferencia a los proponentes de la Renta Básica de izquierda y de derecha puede resumirse como lo desarrollé en los dos debates con él:

En cómo se financia la Renta Básica. O adicionalmente, quién gana y quién pierde. Qué parte de la población sale beneficiada con una Renta Básica y qué parte no. Para la izquierda, la financiación de la Renta Básica debe significar una reforma fiscal que suponga una redistribución de la renta de las decilas más altas al resto de la población.

En las medidas de política económica que adicionalmente se proponen junto a la Renta Básica. La izquierda asume la defensa de la sanidad y la educación públicas, y en general, del Estado de bienestar. La derecha no. En referencia a esto último, tuve que recordar que uno de los economistas preferidos de Michael Tanner al que citó en más de una ocasión, Charles Murray, tan libertariano como él, defiende la Renta Básica en un libro que tiene este título: “En nuestras manos. Un plan para reemplazar el Estado de bienestar”.

En el aumento del poder de negociación de los trabajadores y de las mujeres que supondría la Renta Básica, según defiende la izquierda, no es admitido como bueno o deseable por la derecha. Otra diferencia relacionada se refería a la cantidad de Renta Básica: Tanner prefería cantidades por debajo del umbral de la pobreza para “incentivar” el trabajo remunerado. Sobre el cada vez más desarrollado porcentaje de “trabajos de mierda” al que aludí más de una vez, Tanner se mantuvo firme: siempre se han tenido que desarrollar trabajos desagradables y poco interesantes para hacer posible el crecimiento.

En la neutralidad del Estado. Para Tanner la neutralidad significa que el Estado no intervenga en las negociaciones de los distintos agentes. Para mi significa que debe intervenir activamente para impedir que los grandes poderes privados, como las multinacionales gigantes, impongan su voluntad privada a los Estados, con el ataque a la libertad de la mayoría no rica que eso supone. Una renta máxima, por ejemplo. Tanner, como es fácil suponer, no la defendió ni mucho menos.

Pregunté después de los dos debates a alguno de los oyentes organizadores, el observatorio fiscal de la universidad javeriana de Bogotá, su visión del debate para tener algún elemento exterior de confirmación o rechazo de mi impresión. También pregunté a alguno de los oyentes no organizadores lo mismo, para poder contrastar mínimamente. Las opiniones coincidían, según acabo de resumir. Parece que no incurría en el sesgo de confirmación. Las hipótesis se habían confirmado de una forma tan exacta que causaba impresión.

¿Tuvimos algunos acuerdos además de confirmar el abismo teórico político y económico que nos separaba? Sí, sin duda. ¿Cuáles? Que los subsidios condicionados para pobres son muy costosos e invasivos en la vida de las personas. Y otro acuerdo: que hay que tratar a los pobres como adultos, no como niños. Y que los subsidios condicionados los trata no ya como menores sino como graves deficientes mentales. Y que se confirma que las personas pobres acostumbran a gastar una proporción de sus mínimos ingresos que resulta muy similar a la proporción que gastan de sus mayores ingresos otras partes de la población en… consumos “indeseables” como alcohol y tabaco, que son los ejemplos que apuntó Tanner. Es decir, que aquel paternalismo de que los pobres no se gasten lo que reciben del Estado en mercancías “indeseables” no está justificado porque lo hacen en una medida proporcional muy similar a otros sectores de renta más elevada de la población.

No son grandes acuerdos, pero tampoco se trata de nimiedades. En todo caso el sesgo de confirmación había sido —creo sinceramente— sorteado. La derecha y la izquierda que defienden la Renta Básica tienen muchas más diferencias que acuerdos. Para desconcierto de los contrarios a la Renta Básica que se sitúan a la izquierda. Caigan o no en el sesgo de confirmación.

(Una versión más reducida de este texto fue publicada en https://lamiradacomun.es/opinion/renta-basica-sesgo-cognitivo/)

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