One Belt, One Road ¿Un nuevo orden mundial?

3 abril 2019 | Categorías: Internacional, Unión Europea | |

Paco Cantero, Coordinador del Observatorio Futuro Alternativo de ATTAC Madrid
nuevatribuna

El Belt and Road no es una entidad con reglas fijas; más bien, se pretende deliberadamente que sea informal y desestructurado

Días pasados se produjo un hecho que para muchos medios de información no mereció ningún análisis en profundidad y, sin embargo, es de suma importancia para el futuro de Europa. Me refiero a la firma de un Memorándum de Entendimiento entre Italia, (3ª economía de la zona euro y miembro del G7), con China en la iniciativa One Belt, One Road, que ha provocado que saltaran larmas tanto en Bruselas como en Washington.

¿Qué es One Belt, One Road?

Un plan de China dado a conocer en otoño de 2013 que pretende construir un nuevo orden mundial reemplazando al actual sistema liderado por Estados Unidos por un ámbito geográfico, que denomina Eurasia, que va desde Lisboa hasta Shanghai o incluso Jakarta, emulando a la antigua Ruta de la Seda, el laberinto de rutas comerciales que conectaba a las principales civilizaciones de Europa, Asia y África hace más de dos milenios.

El plan está organizado en cinco dimensiones separadas:

  1. Coordinación de políticas para encontrar un terreno común de las diferentes políticas nacionales de desarrollo.
  2. Crear una infraestructura de transporte por vía terrestre y marítima, así como una red de nodos de comunicaciones digitales y de distribución de energía.
  3. Eliminación de las barreras comerciales en los países adheridos.
  4. Integración monetaria.
  5. Y fomentar los intercambios y contactos entre las ciudadanías.

En el fondo, es una reformulación del concepto tradicional milenario de Tianxia (todo lo que hay bajo el cielo), que intelectuales como Zhao Tingyan popularizaron con éxito con el argumento de que el mundo actual no se ha convertido en una unidad política, sino que sigue siendo de caos, conflictos, nula cooperación y anarquía.

El principio general de Tianxia es que las relaciones entre distintos actores determinan las obligaciones correspondientes a sus vínculos de red. Estas relaciones se basan en el beneficio mutuo (win-win) y, una vez establecidas, deben tener prioridad sobre las decisiones individuales. El modo occidental de asociación, que presupone la autonomía de las unidades individuales queda excluido.

Si comparamos este plan con el ejemplo contemporáneo más significativo de cooperación entre Estados, que es la Unión Europea, hay una diferencia importante y es que en ésta no se ha previsto ningún Organismo Supranacional. Desde el punto de vista jurídico y político, los Estados incluidos en el plan seguirán siendo soberanos e independientes. En la práctica, el poder económico uniría al sistema y evitaría que se desmorone. Es precisamente en esta informalidad donde la iniciativa difiere de manera más evidente del orden occidental existente, ya que este hace hincapié en los procedimientos legales e institucionales. El Belt and Road no es una entidad con reglas fijas; más bien, se pretende deliberadamente que sea informal y desestructurado.

¿Qué propone Europa?

Pocas personas conocen la existencia de un documento publicado a finales del año pasado que lleva por título “Estrategia de la UE para conectar Europa y Asia” y que permite a la Unión buscar sinergias entre la UE y terceros países, incluida China, en transporte, energía y conectividad digital, sobre la base de normas internacionales. En este documento no hay ninguna mención al One Belt, One Road, plan maestro de sinergia de China para toda Eurasia que ya algunos denominan Globalización 3.0. Sin embargo, el Made in China 2025 está debidamente referenciado, y no demonizado, como hace la administración de Trump.

Todo esto desvela un gran desconcierto eurocrático, ya que no se puede disociar el One Belt, One Road de Made in China, el 5G y la tecnología Huawei, pues forma parte del mismo paquete. Sin embargo, la Unión Europea está bajo fuerte presión de EEUU para que prohiba el Huawei y se olvide de unirse al Belt and Road, incluso a pesar de que casi 20 Estados miembros de la UE ya están vinculados o interesados en vincularse al Belt and Road, y la mayoría está interesada en la tecnología china 5G. Es un hecho relevante que países como Grecia y Hungría defiendan abiertamente las posiciones chinas en importantes reuniones en Bruselas.

Todo esto nos lleva a que, de cara a las próximas elecciones al Parlamento Europeo del 26 de mayo, debemos exigir a los distintos partidos políticos que haya debates sobre esta cuestión tan importante y aclarar su postura, pues va a suponer en un futuro próximo el destino de la Unión Europea tal como la conocemos hoy día y, por consiguiente, el de España.

 

ATTAC España no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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