¡SON LAS FINANZAS ESTÚPIDOS!

22 mayo 2019 | Categorías: Opinión, Paraísos Fiscales | |

Los Estados han renunciando a controlar y regular los mercados financieros, han convertido el interés del capital financiero de mercadear con la vida material y los recursos del planeta, en un supuesto interés general, que sólo beneficia a los dueños del capital.

Antonio Fuertes – Attac Acordem
Decía mi padre que en su vida había visto desde el arado romano y la hoz a la cosechadora-trilladora-empaquetadora. Él, como muchos otros, dejó la tierra por otros horizontes en la ciudad. Esto fue debido al desarrollo de la mecanización agraria y a la llamada revolución verde. Los que quedaron en el campo hubieron de financiar la necesaria tecnología, los que se fueron a la ciudad acabaron hipotecándose la vida.
Los años 60 suponen un gran cambio sociológico, el del crecimiento de las ciudades y el inicio de la España vaciada. Constituyen al mismo tiempo el despegue del sector financiero, apoyado en la capitalización necesaria de la industria en el nuevo ordenamiento territorial. El capital bancario pasa a ser prioritario ante el industrial en el proceso de acumulación, ya que los bancos son los mayores accionistas de las empresas y es en el desarrollo de las metrópolis donde la banca genera sus mayores activos.
En las últimas décadas hemos vivido la internacionalización de las grandes empresas, convirtiéndose en multinacionales. La competencia global ha supuesto la lucha de las corporaciones por ganar cuotas de mercado en una jungla donde sólo las mayores sobreviven. El proceso acaba con el libre mercado, creándose oligopolios que fijan condiciones y precios en los intercambios.
El desarrollo meteórico de las ciudades y del progreso material, no hubiera sido posible en base únicamente al ahorro y la acumulación generada por el trabajo asalariado. Para lanzar la actividad económica y acelerar la acumulación de capital hizo falta el desarrollo de lo que Marx llamó el capital ficticio, que se forma de la nada en los mercados bancarios o bursátiles. Se encuentra fundamentalmente en el dinero del crédito, valores de deuda pública y acciones. El resultado de su creación, en principio es incierto. Creado para lanzar proyectos que generan expectativas económicas, no siempre las expectativas se cumplen, significa siempre un riesgo asumido.
El capital ficticio ha alimentado una doble competitividad en el crecimiento, la de las empresas por prevalecer y aumentar cuotas de mercado y la de los países por el crecimiento de su PIB. Es el desarrollo de esta competitividad la que ha generado la obsesión del sistema capitalista por el crecimiento, un crecimiento acompañado de una profunda brecha de desigualdad, la extinción de recursos naturales, la degradación del medio ambiente y la generación continua de riesgos.
La actual crisis la provocó la codicia sin límite del capital financiero, que en su innovación continua y apalancado en la ingeniería financiera y la especulación, ha generado nuevos riesgos.  Según el Banco internacional de pagos de Basilea, menos del 2% de transacciones monetarias se producen en la economía real, el resto en la economía especulativa. Estos riesgos se trasladan a través de los productos derivados al conjunto del sistema financiero generando inestabilidad y burbujas que estallan suponiendo graves problemas económicos y sociales.
Los fondos financieros, que apenas tienen regulación y control, se suelen ubicar en paraísos fiscales, alimentando la peligrosa banca en la sombra y han reemplazado en parte a la banca como accionistas de las grandes empresas. La banca cobraba dividendos por sus participaciones en empresas bajo su control, hoy los fondos invierten en empresas mientras pueden servirse de ellas y obtener beneficio, sin ninguna lealtad cuando no los obtienen. Estos fondos tienen enormes proporciones, el fondo BlackRock gestiona 6,3 billones $ en activos, mucho más dinero que el banco más grande, el ICBC chino.
Aumenta la deriva neoliberal en las finanzas con la competencia, la liberalización de capitales y la falta de regulación y control político. Sin embargo, la mayoría de mensajes y prácticas políticas tratan de convencernos de que atraer a los inversores es un objetivo político de primera necesidad. Renunciando a controlar y regular los mercados financieros, han convertido el interés del capital financiero de mercadear con la vida material y los recursos del planeta, en interés general.
La mayoría de afectados por las crisis del capitalismo se vienen convirtiendo en sujetos políticos fragmentados y reivindican que los estados satisfagan sus necesidades. Sin embargo, los estados hace tiempo vendieron o cedieron su soberanía al capital. Hoy la lucha emancipadora y por salvar el planeta pasa necesariamente por integrar las luchas dispersas en una central contra el poder financiero.
ATTAC España no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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